SAN SEBASTIÁN. DV. Nacida en el seno de una conocidísima familia de fotógrafos de origen alemán, afincados en Donostia, Hilde Koch escogió la danza, en vez de una cámara fotográfica para expresarse. Formada en el Conservatorio Superior de Danza de Donostia, la bailarina pamplonesa de nacimiento, donostiarra de adopción, dio sus primeros pasos en la danza, «con unos profesores estupendos», según asevera. «Peter Brown era muy sensible a la evolución de los alumnos. Nos impulsaba con su pasión por el escenario. Te inculcaba ese gusanillo por la danza que era para toda la vida». Sin embargo, el maestro inglés apreciaba las aptitudes de Koch y le impulsó a salir al extranjero.
Estos días le toca a ella ejercer de empuje para los cuatro junior ballets -Biarritz, Cannes, Toscana y Ginebra- que se reúnen en los primeros encuentros transfronterizos, Trans Danz. Koch imparte un curso a los juniors de Biarritz y Toscana. Hoy, a las 20.00 horas, la ex bailarina, repetidora y profesora ejercerá de docente de un taller del estilo Forsythe, cuyos participantes serán los miembros de las compañías y que tendrá entrada libre, en función del aforo de la Sala Club del Victoria Eugenia.
De estas jornadas, Koch resalta la receptividad, la formación y la calidad del alumnado. «Les veo muy abiertos, trabajan muy bien y están sacando mucho material que ahora hay que reorganizar porque son compañías muy jóvenes que se encuentran a un paso de entrar en el mundo profesional». Para esta tarde, la propuesta consiste en «diferentes frases coreográficas de Forsythe y de ahí, comenzar el taller, donde doy técnicas de improvisación y desarrollo de su material personal». Aunque, «se necesita rigor del estilo para que las improvisaciones no sean un caos».
John Cranko
Essen fue la primera localidad en la que recaló una jovencísima Hilde Koch. Luego se matriculó en la Escuela del Ballet de Stuttgart (1971-1973), y entró en la compañía dos temporadas después, donde permaneció ocho años (1973-1981). Conoció la época brillante en la que John Cranko despuntaba con ballets como Brouilard, «que estrené yo». Tuvo la oportunidad de trabajar en el Ballet de Zurich con Uwe Scholz.
Una figura capital en el desarrollo de su carrera como bailarina es William Forsythe, con quien trabajó durante diez años. Reconoce la importancia de la aportación del neoyorquino a la evolución de la danza contemporánea. «Existe un antes y un después». Hilde Koch fue bailarina del Ballet de Fráncfort de 1981 a 1991, salvo el paréntesis con Scholz en Zurich. «Forsythe se arriesga muchísimo en el movimiento. Lo lleva a extremos insospechados y lo desarrolla continuamente. Da la posibilidad al bailarín de ser su propio creador». Con él, Hilde Koch encontró su camino, «una especie de luz verde sin fronteras para desarrollarse artísticamente»
De su época como bailarina, guarda un grato recuerdo de sus dos únicas actuaciones en el Teatro Victoria Eugenia. La primera, con el Ballet de Fráncfort, en los años 80, y le produjo «una grandísima ilusión venir con la compañía en la que había depositado su energía e ideales». La siguiente vez, organizó un espectáculo de bailarines vascos, dentro del desaparecido festival Maiatza Dantzan.