TOLOSA. DV. Ya peinan canas, pero aún recuerdan como si fuera ayer las vivencias de su primera juventud en la Escuela de la Industria del Comercio del Papel de Los Escolapios. Han pasado 50 años desde que los alumnos de la promoción del 56-58 finalizaron sus estudios. Desde entonces, no se han vuelto a ver y son muchos los que no han regresado a Tolosa. Ayer, emocionados, por fin se vieron las caras, aunque confesaban apenas reconocerse, si bien la forma de hablar y algunos rasgos de la cara permitían hacerlo.
Se reunieron 17 de aquellos 25 jóvenes estudiantes. Seis han fallecido y otros dos no pudieron acudir. Guardan recuerdos comunes, como los bailes, los partidos de fútbol y de pelota... Todos estas historias se refrescaron ayer paseando por Tolosa y en la comida del Frontón, donde curiosamente también celebraron el fin de curso. «En aquel entonces, nos pusieron unos caballetes con unos tablones para comer. Todo ha cambiado mucho», recordaba uno de ellos.
Tres de los compañeros comentaron los recuerdos que les ha evocado su regreso a Tolosa. Xavier Andreu Bartroli, de 67 años, es de Girona, pero recuerda Tolosa como el principio de su vida: «Todo lo que he hecho en mi vida, bueno o malo, ha venido marcado por mis vivencias en este pueblo», señala. «Vine solo, con 15 años, en busca de unos horizontes más amplios. Recuerdo que a veces nos educaban con excesiva rigidez pero aquí es donde me enseñaron el valor del esfuerzo y donde me prepararon para la vida. Era una escuela muy digna. Lo mejor era el compañerismo que se creó entre nosotros. Reconozco que nunca más he vivido así la amistad».
Además de la experiencia educativa, Xavier guarda aún otros recuerdos fuera de las aulas. «Mi primer vino lo bebí en Tolosa, y mis primeros bailes fueron con las chicas de Tolosa en el Tinglado. Nos enamorábamos de ellas. Una me gustaba mucho, pero nunca tu-ve el valor de decírselo. Todas estas historias se las he contado a mis hijos, incluso les cantaba el himno del Tolosa. Ahora que he vuelto, me siento muy emocionado».
Javier Portillo Ontañón, nacido en Güeñes (Vizcaya) recuerda que quien superaba las oposiciones de Papelera Española, tenía opción a estudiar en Tolosa con beca para pensión y estudios. «Estuve dos años y para mí fue un gran trampolín. Tuvimos grandes profesores y de ahí siempre se aprende algo. Todavía vengo con frecuencia. No me pierdo un Martes de Carnaval».
El caso de Juan Antonio Ayala, de Valladolid, y a punto de cumplir los 69 años, es peculiar. Su hermano mayor también estudió en Los Escolapios y acabó casándose con una tolosarra, por lo que además de ser interno, convivió con la familia de su hermano. «Disfruté mucho en Tolosa, es mi segunda patria. Nos encantaba ir a bailar al Tinglado, pero teníamos que cuidar mucho las horas. Si llegábamos más tarde de las 9, el domingo siguiente no salíamos. Al volver a Tolosa, lo que más nos ha gustado ha sido San Francisco. Está muy bien urbanizado. La pena es que nos falta nuestro Escolapios».