PAMPLONA. El ex director de una oficina del Banco Guipuzcoano de Pamplona, Juan Pedro E., aseguró ayer que cuando Fontaneda acudió por primera vez a su sucursal «ya entró mintiendo», y calificó de «rotundamente falsa» la declaración que prestó el lunes el promotor artístico, quien aseguró que sin su ayuda no hubiera conseguido «tanto dinero». Fontaneda afirmó que el ex director del banco, donde se ingresó la práctica totalidad del dinero de los inversores estafados, se comprometió a realizar informes favorables de la solvencia de sus empresas ante los inversores así como ante otras entidades de ahorro y que en «varias ocasiones» encubrió números rojos en sus cuentas.
Juan Pedro E. incidió en las «mentiras» vertidas «antes y ahora» por Antonio Fontaneda, y al respecto recalcó que se presentó en el banco asegurando, «entre otras falsedades», que era familia directa de los dueños de galletas Fontaneda. El acusado aclaró que no le conoció hasta que en 1999 acudió a la sucursal para abrir una cuenta, si bien seguidamente reconoció que unos meses después Fontaneda le dijo que había estado en la cárcel por un asunto de drogas pero que «ya estaba limpio».
Reconoció también que amigos y clientes del banco le alertaron de sus antecedentes, motivo por el cual dijo a sus empleados que «no le dieran ni un duro» sin su consentimiento, y agregó que cuando el banco empezó a «sospechar de él» se creó una comisión de seguimiento de las actividades de Fontaneda. Sin embargo, según recalcó, «Fontaneda siempre cumplió con el banco», motivo por el cual, según insistió, cuando los inversores llamaban en algunas ocasiones a su oficina para pedirle información, se limitaba a decirles que era un cliente «solvente y que pagaba rigurosamente».
No obstante, Juan Pedro E. dijo desconocer los negocios en los que estaba metido Fontaneda y que cuando se enteró de que pagaba altos intereses a los inversores «no me sorprendió porque en aquellos años fue el momento del pelotazo». Durante su declaración negó haberle ayudado a captar inversores o asesorarle en sus negocios, y recalcó que, al contrario de lo manifestado el lunes por Fontaneda, tampoco llegó a «ningún» acuerdo con él en cómo redactar los contratos que entregaban a los pequeños inversores, ya que «todo lo hacían en la oficina de San Sebastián».
«Ingresaba mucho dinero»
Así, enmarcó su relación con Fontaneda «dentro de un contexto normal de trabajo entre banco y cliente», tras lo que dijo que él se mostraba «amable» con él porque «me interesaba como persona que ingresa mucho dinero en tu oficina, pero nada más». Además, reconoció que «Fontaneda nos deslumbró a todos», ya que «salía en la televisión y parecía que todos sus negocios le iban muy bien», y concluyó que «parecía una persona honrada» ya que en una ocasión devolvió 100.000 pesetas que una de las cajeras le dio de más.
El otro acusado en la causa, Manuel C. C., declaró haber conocido a Fontaneda ocho meses antes de que lo detuvieran, que le convenció para que captara inversores tras asegurarle que era una persona «importante, solvente y muy bien relacionada» con el mundo del espectáculo y de que «tenían muchos proyectos», lo cual «me creí al verle en la televisión y llevarme a una fiesta a Marbella», tras lo que reconoció que «nos deslumbró a todos».
Explicó también que fue a raíz de que convenciera a diez de sus clientes de San Sebastián cuando comenzó lo que luego «resultó ser una estafa tipo piramidal», en la que él y toda su familia «invertimos dinero sin saberlo», y aseguró al respecto que no obtuvo beneficio alguno ya que «lo he perdido todo». Manuel C. C.egó haber sido el socio de Fontaneda y «mucho menos el director general de sus empresas» como había apuntado Fontaneda, e incidió en que todo el dinero de los inversores fue a parar a las cuentas del promotor artístico. EFE