Puede que algunos recuerden la actuación en San Telmo, hace casi 20 años, del usamericano David Hykes en los festivales llamados de Nuevas Músicas y que reveló a los presentes la técnica vocal del canto difónico asiático, cuando la garganta humana consigue dar dos tonos diferentes al unísono, uno ronco y otro agudo, la melodía y el acompañamiento armónico.
Ayer visitó el Club del Victoria Eugenia una representación más genuina de esa habilidad cantora: el sexteto femenino Ensemble Tyva Kyzy, que quiere decir Las Chicas de Tuva y que procede de esa alejada república rusa, en las mugas de Mongolia. Estas mujeres han roto la exclusividad masculina incorporándose al folk local con sus voces e instrumentos autóctonos.
Visten hermosas túnicas festivas y largas coletas. En el centro se sentaba la más madura, de curioso tocado capilar. Cantaron individualmente y en solitario. Quietas, serias, sin saludos ni explicaciones, en una ceremonia mitad gimiente mitad festiva. Sus ecos podrían parecer a ratos nanas, pero encerraban un profundo blues melancólico, aunque también hubo espacio para la broma y la fiesta.
Y se escuchó insistente, generoso, como para que su recuerdo perdurara, el gemido khoomei, la sorprendente habilidad vocal tuvano-mongola que combina a un tiempo el sygyt (sonido a modo de silbido) y el tono grave kargyraa. Había que recorrer los labios del grupo para cerciorarse de que los difonismos brotaban de una misma garganta, y cerciorarse de que no había ocultas una flauta u ocarina. Belleza musical pura y limpia como los vientos de la estepa asiática.