Iñaki Sagredo (Irún, 1967) investiga sobre los castillos navarros desde hace una decena de años. En 2006 publicó el primer tomo sobre castillos navarros, el segundo un año después, sobre castillos del Alto Aragón que en la Alta Edad Media pertenecieron al reino de Navarra, y ahora ha presentado el tercero.
- ¿Cómo fueron los comienzos de este proyecto?
- Entregué una primera versión al Gobierno de Navarra en 2001. Parecía que iba a publicarse, pero a última hora resultó que no les debía interesar. Entonces apareció Txema Aranaz, de la editorial Pamiela, que ha sido como el buen samaritano.
- Es usted de Irún y vive en Pamplona desde hace mucho tiempo. Nació en una zona que antiguamente fue puerto del Reino de Navarra.
- Gipuzkoa, el Duranguesado y Álava fueron parte del Reino de Navarra y siempre queda ese estrato o impronta. Hay gente que propugna la unión política, lo cual no es fácil, porque cada región tiene su personalidad propia. Pero la historia está ahí y es bonito ver cómo quedan castillos que fueron del Reino de Navarra y hoy están situados fuera de las fronteras de esa comunidad. Ese lazo de unión se rompió tras la conquista.
- Usted defiende la tesis de que Castilla conquistó Gipuzkoa, que no fue una unión amistosa.
- Fue una conquista. Por el otro lado sólo hay un documento, una crónica castellana en latín que dice los castillos «se adquirieron» (aparece la palabra acquisivit). Pero si nos vamos por la otra parte, tenemos las crónicas del Príncipe de Viana de 1450, que dice que todo fue una conquista armada, desde Gipuzkoa hasta Álava y Navarra; y también el hecho de que en 1204 el rey castellano Alfonso VIII atravesó una grave enfermedad y se pensó que iba a morir, por lo que hizo un testamento en el que, para limpiar su conciencia, se refería a la conquista armada, y prometía devolverle al rey de Navarra parte del territorio arrebatado. Pero luego el rey castellano recuperó la salud y se olvidó de las devoluciones. Por desgracia, las crónicas navarras no existen o se perdieron, y todo el peso documental corre a cargo de los cronistas castellanos. Tenemos a Ximénez de Rada y la Crónica latina de los reyes de Castilla. No hay más.
- Este trabajo no ha contado con ayuda de las instituciones, por ejemplo del Gobierno de Navarra.
- No hemos tenido ni subvenciones ni palabras de ánimo. Incluso les ha costado mencionar el trabajo.
- La mayor parte de los castillos están en muy mal estado y dan la impresión de que a este paso pronto pueden perderse los pocos restos que tenemos.
- En Gipuzkoa, por ejemplo, tenemos diez castillos altomedievales, de entre los siglos X y XII. En esos pocos restos que quedan se ha procedido mal. Se han hecho excavaciones arqueológicas, pero sin luego consolidar los muros, protegiéndolos de alguna manera para evitar que la naturaleza vuelva a crecer sobre lo que se ha excavado y rompa más los muros. Eso ha sucedido, por ejemplo, en la fortaleza de Mendikute, junto a Tolosa. Eso es labor de las instituciones, y convendría también divulgar los restos: por ejemplo, poner un cartel junto a Mendikute o Ausa, para que la gente sepa la historia del lugar y el aspecto que podía tener el castillo. Esa es también una manera de proteger.
- Háblenos del autogiro.
- Conozco al piloto. Somos compañeros de trabajo, tenemos cierta amistad y surgió la posibilidad. Al comienzo íbamos a volar solamente sobre algunos castillos de la zona de Pamplona, pero luego nos fuimos animando.
- ¿Cómo son esos vuelos?
- Para ir a la zona del Duranguesado necesitamos tres horas y media para ir, y otro tanto para volver a Pamplona. Si el viento es bueno alcanzamos unos 120 kilómetros por hora. Pero eso no ocurre muchas veces.