ELGOIBAR. DV. Los inmigrantes rumanos que ocupan dos casas en estado de ruina (Aurretxe y Sebastiana) en el barrio de Al-tzola volvieron ayer por la tarde a su interior, después de abandonarlas por la mañana mientras operarios de la Mancomunidad del Bajo Deba llevaban a cabo las labores de limpieza tanto de los propios inmuebles como de su exterior. Esta operación fue puesta en marcha por el Ayuntamiento con el fin de mitigar los problemas de insalubridad derivados de la presencia de estos inmigrantes en Altzola, aunque su coste correrá a cargo de los propietarios de los inmuebles, según manifestaron desde el consistorio elgoibarrés. «La medida está justificada por razones de higiene, y se ha llevado a cabo pensando en los vecinos de la zona, que padecen las consecuencias del comportamiento de los ocupas», señaló el alcalde de Elgoibar, Alfredo Etxeberria, que reconocía que poco más podían hacer. «Mientras el juez no dicte sentencia sobre la petición de desahucio que realizamos en los Juzgado de San Sebastián, no podemos hacer nada para que abandonen los edificios, pero, como Ayuntamiento, nos hemos visto obligados a actuar para recuperar en parte la higiene del entorno».
Los trabajadores de la Mancomunidad encargados de llevar a cabo la labor se personaron en la zona ataviados con buzos blancos y máscaras para hacer frente a una labor que prometía ser muy delicada, pero sus expectativas se vieron superadas. «Cada cierto tiempo salían al exterior a quitarse la máscara y respirar aire fresco. El ambiente era irrespirable», señaló uno de los testigos de las operaciones. «Además de basura desperdigada por todas partes, y la humedad y los olores de un edificio en ruinas, había una habitación que utilizaban como servicio y estaba llena de heces. La peste era terrible».
Haciendo de tripas corazón, los trabajadores retiraron la basura del exterior y el interior de las casas, y la cargaron en un camión. Esta actuación se completó con la demolición por seguridad, de la parte del edificio que se derrumbó el 8 de marzo. Tres operarios se afanaban por la tarde en retirar los escombros y, curiosamente, uno de ellos era Pedro, un joven de origen rumano.