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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 diciembre 2008

Beti Erreala!

el bisturí
La virtud del coraje

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No fue la Real un prodigio de armonía, pero se llevó los tres puntos gracias a la entereza con la que asumió el mazazo del gol del Hércules y a la reconstrucción física del equipo en torno a los jugadores que quieren, por encima de todo, que este equipo vuelva a Primera. Gente como Díaz de Cerio, como Delibasic, como Gari, que ayer no fueron titulares, pero que no necesitan pararla de tacón y que están corriendo antes de que el balón se ponga a viajar por el aire, porque si se ponen a correr más tarde, no llegan.
Lillo superó la prueba gracias a esos cambios que dieron vitalidad al equipo y a la actitud general de un equipo que está sobreviviendo a base de carácter a una temporada imposible para cualquier otro grupo. Mucho tienen que ver jugadores como Aranburu, que unos días está muy bien como en Elche y otros no tanto, pero que ha conseguido que este vestuario lleve meses conjurado contra la lluvia de miserias y disparates que no cesan y que hubieran dinamitado cualquier otro vestuario.
A Lillo le queda trabajo por hacer, pero alguien tendría que decirle al nuevo entrenador que este equipo llegó a enero a un punto del ascenso sin hacer un fútbol brillante gracias a que todos trabajaban como perros y que ahora que tenemos a un líder futbolístico como Martí, que es capaz de tomar casi siempre la decisión correcta, haría falta muy poco más para encadenar victorias. Sólo hace falta compromiso y eso lo tienen casi todos.
También me gustó ayer Fran Mérida. Tiene 18 años y mucho talento. Llevaba tiempo sin jugar y le costó meterse en el partido, pero cuando el partido se puso a arder, estuvo a la altura del futuro que se le adivina. Incluso cuando el marcador se puso de cara y en el campo había un equipo absolutamente ofensivo y hacía falta mucho trabajo para evitar sustos de última hora. Sólo cabe esperar que Lillo pueda trabajar en paz, que jueguen los que mejor puedan ayudarnos a ganar y que nadie haga desde arriba ninguna tontería que rompa una vez más el invento.
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