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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 diciembre 2008

Beti Erreala!

betierreala!
La playa y los adoquines
La Real remontó en dos minutos el gol del Hércules con tantos de Delibasic y Mérida, rompió su racha de derrotas y vuelve a colocarse a un punto del ascenso

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La playa y los adoquines
El viernes se cumplieron cuarenta años del asesinato de Martin Luther King, el hombre que tuvo un sueño. Después llegaron mayo a París y los tanques a Praga. En otoño, los puños negros de Tommie Smith y John Carlos envueltos en guantes de cuero negros se alzaron a la noche de la Ciudad de México.
Cuarenta años más tarde se sabe, en efecto, que debajo de los adoquines no estaba la playa, pero vuelve a haber motivos para posicionarse ante unos Juegos Olímpicos, un negro puede ser presidente de Estados Unidos y sigue habiendo un lugar para los sueños.
La Real puede hacerlo. Puede imaginar un futuro mejor gracias a una victoria desprovista de todo halo romántico, poético o idealista. Fue el triunfo de la voluntad, la perseverancia y la contundencia. No fue mayo del 68, fue realpolitik, pero los puntos se cuentan de tres en tres.
Los buenos aficionados, los de toda la vida, acuden al campo preparados para soportar cualquier calamidad. En cambio ayer fueron a Anoeta con ganas de descubrir algo nuevo. Debutaba Juanma Lillo y aunque el míster tolosarra se esfuerza por separarse de su propio personaje, el primer día es natural que la gente se preguntara qué es eso de vivir en zona, del fútbol incientífico y demás.
La explicación llegó del minuto 15 al 18. Ciento ochenta segundos de fútbol total, o casi, de combinaciones rápidas, toques precisos, desmarques y peligro. Mérida, Prieto, Martí y Castillo, los actores principales. A eso se limitó lo nuevo. Nadie puede ser excelente sin interrupción.
El resto se dividió en dos partes, ambas bien conocidas. La nueva Real y la vieja Real. Al principio, el juego decadente de las últimas jornadas, con un ritmo cansino que avisa de que pese a la victoria no se ha corregido la tendencia. La cuesta abajo continuó ayer durante muchos minutos.
La falta de velocidad del equipo fue clamorosa durante larguísimos minutos. La Real llegaba con mucha corrección a los lugares desde los que se hace daño, pero allí carecía de la chispa para hacerlo. Se echó en falta la aportación de los mediapuntas, Aranburu y Mérida, esenciales cuando se juega con el esquema que planteó Lillo en su estreno.
El tolosarra colocó a Martí de pivote y una línea de cuatro por delante, con Víctor solo en punta. La llegada de los centrocampistas es vital con este dibujo, deben buscar los espacios libres y amenazar a la zaga rival con su movilidad. Ni Aranburu ni Mérida acertaron a encontrar esos huecos y el Hércules se defendía razonablemente bien.
Prieto y Carlos Martínez libraban su habitual batalla por la derecha y Castillo se encargaba en solitario de los asuntos del otro lado del campo, con Nacho missing. Víctor ofrecía su ración de parsimonia habitual y todo el juego realista moría lánguidamente en el borde del área rival. Allí donde deben aflorar las ideas, al equipo le faltó imaginación. Quienes fueron a Anoeta en busca de poesía, tendrán que volver dentro de quince días.
Para cuando el Hércules marcó en la jugada más prosaica que se pueda imaginar -falta en largo, peinada de cabeza, caída y gol- Lillo ya había comprendido el guión del partido hacía un rato. Quiso ver si el paso por el vestuario impregnaba de inspiración a los suyos y al comprobar que no, retiró a Víctor y metió a Díaz de Cerio en busca de esa chispa, de esa intensidad que hasta entonces no tenía el equipo.
Tras el gol de Sendoa, Lillo optó por la vieja Real. Nacho fuera, Delibasic dentro y gol de Delibasic. Buen material para la polémica. Afortunadamente para la Real, fue Fran Mérida quien marcó el gol de la victoria y dijo que no hay dos Reales, la nueva y la vieja. Importante aportación la del chaval porque no hace falta saber quién tiene razón, hace falta que suba la Real. Y la Real es Delibasic y es Mérida. Es Uranga y es Víctor. Es Elustondo y es Martí, que además fue el autor de la jugada del gol de Delibasic.
La Real, por encima de todo, son los jugadores y es la gente. Los jugadores quisieron ganar por encima de todo y ganaron. Se fueron al centro del campo a celebrar lo que fue una victoria dura, más guerra que amor, y la gente lo entendió a la perfección.
La Real vuelve a colocarse a un punto del ascenso, gracias a su victoria necesaria y a una jornada favorable. Las cuentas siguen siendo muy claras: diez partidos, seis victorias y un empate. Son números que no pueden asustar a un equipo como éste.
Hace cuarenta años se vivieron grandes sueños. Soñó el doctor King y soñó Antonio Vega de Seoane que la Real había subido para no descender jamás. Cuatro décadas han demostrado que no había ninguna playa debajo de los adoquines de París y la Real está en Segunda, pero soñar sigue siendo obligatorio.
La semana pasada falleció el hermano Fermín, de La Salle. Algunos le hicieron caso y llegaron a futbolistas. Otros no y se dedican a juntar letras. A veces les sale la palabra esperanza.
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