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RSS | ed. impresa | Regístrate | 29 agosto 2008

Cultura

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'Ben Hur' corrió su última carrera

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madrid. Dio vida a numerosos hombres de distintos siglos, ganó un Oscar por encarnar al príncipe judío Ben Hur, se acostumbró a encabezar los repartos de superproducciones con grandes presupuestos y presidió la todopoderosa Asociación Nacional del Rifle. Charlton Heston, el intérprete ideal de reconstrucciones históricas y bíblicas, falleció ayer en su residencia de Beverly Hills, a los 84 años. Su esposa y madre de sus dos hijos, Lydia, estaba a su lado cuando se produjo el deceso de este gran mito del cine clásico que en 2002 anunció que padecía Alzheimer, enfermedad que también sufrió su amigo Ronald Reagan. Ferviente republicano, Heston fue consejero cultural de Reagan cuando éste era presidente de los Estados Unidos.
«Continuaré trabajando hasta que pueda. No pienso cambiar nada de lo que tengo previsto, aunque los doctores me han insistido en que descanse», declaró el que ha sido el mayor héroe épico de Hollywood en una grabación cuando los médicos le comunicaron que sufría los primeros síntomas de este mal. A pesar de su intención, el protagonista de El mayor espectáculo del mundo, Los diez mandamientos, La historia más grande jamás contada, Cuando ruge la marabunta, El planeta de los simios, Terremoto y Aeropuerto 1978, llevaba retirado varios años. Sus últimos trabajos fueron interpretar al monstruo nazi Josef Mengele en el filme My Father, Rua Alguem 5555 y prestar su voz a la versión animada de Ben Hur, el personaje que le dio su único Oscar.
Ben Hur, el personaje de ficción creado por el general Lew Wallace que hizo a las órdenes de William Wyler, es, para el gran público, la película más emblemática de este ídolo del celuloide, que en el más de medio siglo que estuvo en la profesión se puso el traje de Buffalo Bill, el presidente Jackson, Juan Bautista, Moisés, Miguel Angel, Marco Antonio, el cadenal Richelieu, Tomás Moro, Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid y a él mismo en el controvertido y oscarizado documental de Michael Moore Bowling for Columbine.
Alto, fuerte y de constitución atlética, este actor de pétreo rostro, afilada nariz, intensa mandíbula y voz grave y modulada encarnó numerosos héroes. Dueño de un impresionante físico, John Charles Carter, su verdadero nombre, nació en Evanston (Illinois) y estudió declamación y arte dramático. Tras participar en la II Guerra Mundial como operador de radio -había trabajado en varias emisoras de Chicago- se trasladó a Nueva York con su mujer, Lydia, y se convirtió en uno de los primeros actores de Broadway. También fue pionero de la televisión en directo -Los Colby, Jefes y La isla del tesoro son algunos de los trabajos que hizo en este medio, que fue el que le lanzó y al que, en los últimos años, dedicó más tiempo-. Pero fueron las superproducciones sobre grandes personajes e historias las que hicieron estrella a este profesional que se puso en manos de Orson Welles en Sed de mal -su rol de detective de narcóticos mexicano es uno de los mejores- y besó a una mona científica en el clásico de ciencia-ficción El planeta de los simios -también hizo una breve aparición en el remake de este título que firmó Tim Burton-.
Ferviente republicano y presidente de la Asociación Nacional del Rifle durante cuatro mandatos -dejó el cargo en 2003-, esta leyenda del cine y polémico activista político no se puso nostálgico cuando dejo de ser el rey de las grandes superproducciones de Hollywood.
Es más, no echaba de menos el cine de antaño. «Siempre ha sido duro hacer una buena película, pero los actores nunca hacemos mal un trabajo a propósito», declaró.
Ferviente admirador de España, donde rodó El Cid, junto a Sofía Loren,amén de un buen número de filmes, Heston manifestó que «España es un país ideal para hacer películas porque tiene infraestructura y todo tipo de paisajes: mar, desierto y montañas. Y, lo más importante, los intérpretes españoles hablan inglés y los técnicos, además, son muy profesionales». COLPISA
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