BERGARA. DV. Aroztegi Aretoa paga una deuda de la villa con uno de los pintores más significativos de la Escuela Bergaresa al colgar hasta el 20 de abril una muestra de Fernando Azkargorta (1919-1973). Nunca expuso de forma individual en su pueblo, como recuerda su hijo Rikardo comisario de la exposición «hizo colectivas en Bergara pero que nosotros recordemos ninguna individual. Tampoco en aquel tiempo había un lugar».
El viernes abrió la puertas este recorrido por la obra de Fernando Azkargorta en un acto de recuerdo y encuentro de viejos amigos. Azkargorta se inscribe por definición en la Escuela Bergaresa junto a un grupo coetáneos como Simón Arrieta, Loidi, Okina, Leturia, Eguren, y los dibujantes de Otaño y Arteaga que han sido la base de la floreciente cantera de creadores de lienzos.
Como recuerda Rikardo de su padre «empezó a pintar con Simón Arrieta y tiene muchas influencias de estilo en la pincelada y el color. Las señas de identidad de mi padre son que tenía mucho dibujo, una pincelada muy suelta que iba a la sustancia y dejaba un poco de lado los detalles. Son obras de ejecución rápida y con una pincelada de caracter».
La sala acoge una treintena de obras con predominio de los paisaje y un único retrato. Entre las naturalezas una local y muchas de la costa, Elorrio y las tierras alavesas. Como curiosidad destacan dos cuadros ejecutados sobre tres capas de cristal pintadas por separado. Un técnica que de una parte pinta los fondos, de otro los planos medios y en el primer vidrio los detalles. La superposición permite dar una sensación de relieve.
La mayor parte de obra expuesta corresponde a la última época de Fernando, la más características, aunque hay alguna obra anterior como unas flores de1965. La colección que alberga Aroztegi pertenece a la colección familiar de los Azkargorta que han querido sacar a la luz este trabajo para que las nuevas generaciones conozcan a un pintor, como reconocía Rikardo, «para mucha gente es desconocido».
En ese predomino del paisaje en la muestra está también reflejado el espíritu de un artista que pintaba la obra 'in situ', nada de utilizar una fotografía en un estudio como base, como recuerda su hijo, «siempre estaba pendiente del tiempo para coger el coche y los trastos e ir a pintar. Trabajaba al aire libre, con el filosofía de los impresionistas de salir a la naturaleza».