La estadística es muy útil para tratar de describir y acotar la realidad, pero esa misma realidad se muestra a menudo reacia a plegarse al dictado de los números. Lo saben muy bien quienes llevan años trabajando en el diseño y aplicación de campañas y acciones orientadas a intensificar el grado de transmisión de la lengua en el ámbito familiar. La Comisión de Euskera de Oarsoaldea -que coordina las acciones de los servicios de euskera de los ayuntamientos de Errenteria, Lezo, Pasaia y Oiartzun-, no ha dejado de hacerlo en las últimas dos décadas. Lo ha probado casi todo; ha trabajado en distintas líneas con mayor o menor éxito; ha reconsiderado en profundidad sus esfuerzos y sus logros en varias ocasiones; ha llegado a diversas conclusiones y, casi veinte años después de las primeras campañas, ha ratificado que lo primordial es la sensibilización de los padres, especialmente en lo que respecta a convencerles de que no valen las buenas intenciones si no van acompañadas con el ejemplo.
'Y vosotros, ¿qué?'
«Influir en las costumbres lingüísticas de la pareja es muy difícil -reconocen el coordinador de la Comisión, Jose Luis Agirretxe, y la técnico de euskera del Ayuntamiento de Errenteria, Junkal Mintegia-, pero creemos que es por donde hay que empezar». Así, sin renunciar a proponer alternativas dirigidas a las parejas mixtas o aquellas ninguno de cuyos miembros es euskaldun, llevan un tiempo fijando la atención de modo prioritario en las parejas euskaldunes, «porque a veces la cadena se rompe en el eslabón que en principio parecía el más sólido».
«Si os oyen que les decís 'habla en euskera','dilo en euskera' y vosotros no lo habláis entre vosotros y con vuestros amigos os dirán, 'eta zuek zer? ('y vosotros, ¿qué'», se puede leer en uno de los soportes que constituyen la intensa -y premiada- campaña de sensibilización que vienen llevando a cabo en los últimos meses. La frase refleja un fenómeno muy habitual, no por extendido menos preocupante desde el punto de vista de la transmisión efectiva de la lengua: el de las parejas euskaldunes que entre sí y con otros adultos hablan en castellano y sólo utilizan el euskera para hablar con los hijos, proponiéndoles así un modelo que podrá tener éxito en la estricta transmisión del corpus de la lengua, pero que difícilmente hará pensar a los más pequeños en el euskera como una lengua de comunicación normal. «En este caso -afirma Agirretxe-, el primer paso que hay que dar a través de las acciones de sensibilización es que las parejas que están en esa situación sean conscientes de la misma, que la vivan como un problema en lo que respecta a la transmisión, algo que no ocurre con frecuencia». Una vez dado ese paso, las parejas interesadas pueden participar en actividades orientadas a modificar sus hábitos lingüísticos.
Pero tal vez el mejor trabajo sea el trabajo previo, porque «el proceso de transmisión de la lengua se produce en un período de tiempo relativamente corto, que a veces no es suficiente para cambiar las pautas lingüísticas de la pareja o la familia ni, por supuesto, para enseñar euskera a los padres que no lo saben con la esperanza de que se lo puedan transmitir a los hijos en sus primeros años de vida».
Por esa razón, el refuerzo de la transmisión familiar de la lengua se empieza a preparar ya en los programas dirigidos a los chicos y chicas más jóvenes. A esas edades, formar una familia puede parecer un plan lejano, pero es la fase en la que se asientan los hábitos y valores lingüísticos. Los que, cuando llegue el momento, «servirán para garantizar la transmisión».