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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 julio 2008

San Sebastián

LA CALLE DE LA MEMORIA
1940Ranas gigantescas en el parque de Aiete
05.04.08 -

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Fue un 4 de noviembre de 2003, anteayer para las fechas por las que nos solemos mover, cuando apareció la primera entrega de esta calle de la Memoria que hoy se mira al ombligo. Fue hace casi cuatro años y medio cuando dimos los primeros paseos por una sección que mira al pasado desde la curiosidad, la nostalgia y, con frecuencia, la perplejidad. Una labor de buceo en la hemeroteca de EL DIARIO VASCO a la búsqueda de detalles de nuestra pequeña historia. Unos viajes en el tiempo que han contado con la complicidad de muchos lectores y la colaboración de Nuria, de Fototeca Kutxa.
Casi cuatro años y medio de artículos con protagonistas de lo más variopintos. En varias ocasiones, del reino animal. Aquí recordamos que en abril de 1970 llegaron al estanque de la plaza Gipuzkoa dos parejas de cisnes, una blanca y una negra. Y que antes, en abril de 1940, arribaron al estanque del parque de Aiete unas ranas muy peculiares.
El tema, del que nadie sabe demasiado, era de lo más extraño. Pero queda la información de DV, que detallaba que «llegaron a San Sebastián las ranas gigantescas que proceden de Norteamérica y que tienen la virtud de atacar los gérmenes palúdicos». No se especificaba la especie concreta de batracios, ni su número, pero sí que «son de tamaño verdaderamente gigantesco».
Un suelto de la portada de dos ediciones atrás aportaba más datos sobre la singular iniciativa: «Han llegado a la residencia del Generalísimo las cien ranas que vinieron procedentes de Norteamérica, a bordo del trasatlántico Marqués de Comillas. Las ranas, de tamaño gigante, son de una especie rara, y tienen la virtud de atacar los gérmenes palúdicos, por lo que, una vez en cantidad suficiente, serán echadas en las lagunas productoras de fiebres palúdicas que hay en España. Los batracios fueron adquiridos por encargo especial de la Secretaría de S. E. el Jefe del Estado».
Francisco Franco ofreció sus fincas del pazo de Meirás y el palacio de Ayete para la primera fase reproductiva de una campaña de la cual, quitando la confirmación de que algunas ranas llegaron a Aiete, poco más se sabe.
Nos vamos, imaginándonos a las ranas gigantescas croando al oído de Franco, y les explicamos el motivo de que estemos tan autonostálgicos. Al hasta ahora paseante de esta calle le toca cambiar el pasado por el presente, sin salir de las páginas de este periódico. No teman, que la calle de la Memoria seguirá viva, enriquecida por la erudición de un nuevo guía.
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