Hace todavía poco que escuchamos o leímos por primera vez noticias y reportajes que hablaban del mobbing. Sucedían, claro está, en el extranjero y el tema consistía en cómo uno o varios trabajadores eran machacados y marginados hasta que sus nervios ya no resistían más. Así se libraban de ellos. Eran comportamientos viejos, ignorados y asimilados como algo normal entre algunos jefes y mandados, un mal menor adjunto al currelo. Y no hacía falta viajar para conocerlos de cerca, por aquí tampoco han faltado ejemplos.
Javier de Dios, el autor de Comida para peces (afortunado título una vez se descubre su sentido) sitúa la acción en una empresa de seguros. Cuatro empleados y un jefe son los personajes. Entre ellos reparte el autor unas personalidades de piñón fijo: el pelota, la víctima, la digna, la timorata y el villano. Tipos demasiado cerrados, sin suficientes contradicciones ni conflicto interno. Caminan demasiado tiempo por sentido único.
Queda un texto correcto, respetado casi en su totalidad en esta versión de Tanttaka, que tiene suficiente entidad para exponer el tema que trata, para buscar la identificación del público, su apoyo a la gente honrada y su desprecio por los desalmados y tontos oportunos. En ese sentido es una obra que funciona bien, pero echo en falta que salten las chispas por algún lado y que no todo sea lo que parece, que haya alguna vuelta más en esos diálogos bien construidos, aunque un poco blandos.
El montaje de Tanttaka recoge con fidelidad lo bueno y también lo menos afortunado que hay en el texto. Hay una escenografía demasiado minimalista (lo apunta el autor), tanto que cuesta oler el recinto pringoso de una oficina- cuadrilátero. Se suma la disposición de la batería con la que el músico hace un excelente trabajo. Bien por la aportación, no tanto por colocar esa mole en medio de la acción.
Es un acierto también de la dirección escoger que el papel de la víctima lo haga un actor con mayor presencia física que la del jefe. Eso crea una sutil inquietud que suma interés. Lo redondea el adecuado trabajo actoral, pero sobre todo el recital que da Mikel Losada en el papel del jefe. Con él surgen la mayoría de los matices que hay en esta pecera.