san sebastián. DV. Los efectos de valor que aún quedan en el interior del buque Maro, que el pasado mes encalló en las rocas del monte Jaizkibel, están siendo retirados por particulares que casi a diario se desplazan a la zona del naufragio. Cables y piezas de metal que pueden ser objeto de una posterior venta han sido desmontados por estas personas, sin que ninguna autoridad ni responsable de la empresa armadora del barco les haya hecho ninguna advertencia. La zona en la que se hallan los restos no se encuentra vigilada.
En las rocas ya sólo quedan el castillo de proa y el puente. Sin embargo, dentro del barco hay todavía algunos elementos que resultan atractivos para las personas que se dedican a la compraventa de chatarra. El cableado del Maro está prácticamente desmantelado. Asimismo, se han desmontado otros objetos como lámparas que había en la zona del puente. Fuentes consultadas han advertido del riesgo que entraña el acceso al barco y piden que se abstenga de hacerlo.
La retirada de estos elementos se lleva a cabo sin que hasta el momento se conozca si la empresa propietaria del buque, United Marine Management, de origen estonio, ha dado alguna instrucción para se que proceda al desguace del barco.
La apropiación de estos elementos tiene lugar después de que ya se recuperaran del Maro aquellos objetos que, como plásticos, colchones o mantas, pudieran contaminar el medio marino.
El barco encalló el pasado 7 de marzo cuando se dirigía al puerto de Pasaia. El mercante, que había partido de Bayona sólo unas horas antes, terminó de manera incomprensible en las rocas de la cala Turulla, en Hondarribia. En las horas posteriores al siniestro, los intentos por reflotar el buque resultaron infructuosos. De esta manera, el Maro, de 96 metros de eslora y con 54 toneladas de gasoil en sus tanques, quedó a merced de un fortísimo temporal que hizo añicos el barco. Tras el paso de la depresión, del buque sólo quedaron el castillo de proa y la zona del puente. El resto desapareció en el agua.
Sobre las causas que provocaron el encallamiento, las autoridades marítimas todavía no han hecho público ningún informe. No obstante, todo induce a pensar que detrás de lo ocurrido hay cuando menos una imprudencia o impericia. Se sospecha que en el momento del siniestro, el barco era guiado por el piloto automático y que la tripulación no se percató de que se dirigía a las rocas.