Bertie Ahern, de 56 años, nació en Drumcondra, un barrio del norte de Dublín, y su vida y su trayectoria política han estado siempre vinculadas a la capital irlandesa, pero sus padres eran de Cork, en el oeste de la isla. Ha recordado alguna vez que la policía visitó su casa cuando era niño, para interrogar a su padre, que había sido un muy joven colaborador del IRA en la breve guerra civil que siguió al pacto de su líder, Michael Collins, con el Gobierno británico, en 1921, para la creación de un Estado irlandés partido y con independencia limitada.
Esa tradición del IRA irredento, la de Eamonn De Valera, le llevaba al Fianna Fail, los soldados del destino, partido hegemónico de la Irlanda ya independiente. Ayer, Ahern lo describió como un 'movimiento nacional'.
Dos rasgos fuertes del partido eran el catolicismo y el nacionalismo. Ahern es católico practicante y acude a misa cada tarde de sábado, aunque su vida personal no ha seguido la ortodoxia. Tras el divorcio de su mujer, con la que tuvo dos hijas, convivió con una militante del partido, lo que le costó reproches de la jerarquía eclesiástica.
Creció en un Dublín de clase media baja, donde el nacionalismo no tenía el tono del oeste rural de sus padres. Cuando ya ocupaba cargos en el Gobierno, manifestó indiferencia ante los símbolos nacionalistas o declaró su desapego por el irredentismo. Aunque él se define como contable, tras sus estudios universitarios en Dublín y en Londres, no consta como contable jurados, por lo que su exacto estatuto profesional siempre ha sido otro misterio. Ascendió en la sombra de Charles Haughey, El Jefe, un carismático líder del partido y jefe de Gobierno, de corte más nacionalista, que fue finalmente desacreditado, al revelarse su estrafalaria corrupción, que le permitía vivir como un potentado a pesar de que había vivido toda su vida del erario público. Haughey protegió a Bertie, de quien dijo que era «el más inteligente y el más hábil».