Olano y Elorza viven una luna de miel política. La relación entre el anterior diputado general, Gonzalez de Txabarri, y el alcalde de Donostia fue convulsa. En lugar de declaraciones, se cruzaban dardos. De ahí la sorpresa que provoca la concordia que impera ahora entre ambas instituciones.
El «buen rollito», como hace meses lo definió el diputado general, obedece en gran medida a que Markel Olano y Odón Elorza se necesitan.
El diputado general tiene abiertos varios frentes. Llegó al cargo de carambola y al poco de tomar posesión tuvo que enfrentarse a una crisis sin precedentes con EA, su socio en el Gobierno, por discrepancias en el Impuesto de Sociedades. Tampoco es ningún secreto que la maquinaria foral parece gripada, le falta gas, al menos de momento. Con este panorama, lo último que necesita el diputado general es mantener una guerra abierta con el alcalde. Olano sabe que en campo embarrado Elorza se las sabe todas. Con buen criterio, prefiere tener apaciguado este flanco y centrarse en dar contenido al Plan de Gestión que hoy presentará en las Juntas Generales.
El alcalde, por su parte, ha visto en la buena disposición foral una forma cómoda de rebañar para casa. Elorza, tan donostiarrista, moduló ayer hábilmente su discurso, y mostró un guipuzcoanismo inédito hasta ahora. El alcalde se habrá dicho que si para lograr dinero foral hay que seducir a Gipuzkoa, pelillos a la mar.
De la necesidad se ha hecho virtud. Los ciudadanos serán los primeros beneficiarios. La permanente polémica entre la Diputación y el Ayuntamiento de San Sebastián sólo sirve a intereses partidistas y protagonismos de corto recorrido. La candidatura de Donostia a Capital Europea de la Cultura y los enormes retos que tiene por delante el territorio bien merecen que se haya pasado de la hiel a la miel.