SAN SEBASTIÁN. DV. «Ahora queda muchísimo camino por andar, pero con este acuerdo al menos hemos derribado el muro que nos impedía seguir avanzando». Tras el acto formal, y con una copa de vino en la mano, una de las autoridades que acababa de presentar el pacto institucional que desbloquea el futuro de Tabakalera resumía así la importancia del acuerdo. «Iremos más rápidos o más lentos, pero la puerta está ya abierta y el horizonte despejado», añadía.
El horizonte es el año 2013. Para entonces debe ser realidad esta «fábrica de cultura de alcance internacional», como la definió Odón Elorza. Pero llegar a este acuerdo institucional no ha sido fácil, ni mucho menos. Y la prueba la vimos ayer mismo: aunque el pacto fundamental está supuestamente cerrado hace semanas, la rueda de prensa de ayer comenzó con unos minutos de retraso porque los representantes de las tres instituciones estaban aún discutiendo cómo redactar uno de los puntos del comunicado entregado a la Prensa.
Esa pequeña anécdota ilustra el intrincado laberinto de recelos entre instituciones, suspicacias entre partidos y divergencias entre burocracias culturales que ha acompañado la gestación de un proyecto llamado a ser catalizador de la cultura local en el futuro.
Sentido y sensibilidad
Pero eso es ya historia, según los representantes institucionales. «Este acuerdo es muestra de una nueva cultura política», decía con énfasis Markel Olano. «Los acuerdos son posibles y éste es sólo el inicio de una serie posterior de acuerdos sobre las grandes infraestructuras del territorio», añadió.
La historia reciente del país está llena de ejemplos de nuevas iniciativas o servicios que se crean como «elefantes en cacharrería», sin tener en cuenta lo ya existente. El acuerdo presentado ayer suscita aún más preguntas que respuestas pero tiene la virtualidad de estar aparentemente dotado de sentido común. Reordena actividades, da lógica a los nuevos usos y evita duplicidades absurdas. Pero es sólo un acuerdo de principios: ahora viene el momento de empezar a concretar los detalles y ahí comienza el riesgo de nuevas discrepancias. Los «primeros espadas» institucionales han consensuado la «ley», pero ahora llega el complicado momento de desarrollar los «reglamentos».
Cien años después
Si se cumplen las previsiones, la inauguración de la nueva Tabakalera será en 2013, coincidiendo con el segundo centenario de la reconstrucción de Donostia y cien años después de que este viejo edificio empezara a funcionar como fábrica de tabaco.
Fue en 1913 cuando empezó a funcionar Tabacalera (entonces así, con c) en un edificio, al estilo de las antiguas empresas de manufactura, con cuatro grandes patios. Durante todo el siglo XX Tabacalera constituyó una de las fábricas por excelencia de San Sebastián. Pero a finales de siglo Tabacalera empieza a concentrar sus factorías y Altadis, propietaria del centro, se plantea qué hacer en el futuro con tan jugosa propiedad en el centro de Donostia.
Altadis plantea al Ayuntamiento la posibilidad de levantar ahí un gran centro comercial. Pero alguien en el seno municipal tiene la idea: ¿por qué no un centro cultural? El proyecto es ambicioso y se requiere la colaboración de Diputación y Gobierno Vasco. Se negocia de manera discreta y finalmente, en 2001, se firma el acuerdo entre la entonces consejera de Cultura Mari Carmen Garmendia, el diputado general Román Sudupe y el alcalde Elorza. Cada institución aporta inicialmente mil millones de pesetas, que en principio estaban comprometidos para el nuevo San Telmo.
Un lugar diferente
Firmado el preacuerdo comienza a pensarse en «qué» y «cómo». Se ficha a Bartomeu Marí, balear experto en arte contemporáneo con larga trayectoria internacional. Marí trabaja durante meses en un borrador de estudio que luego quedará «congelado» por las instituciones, aunque buena parte de sus reflexiones formarán parte finalmente del proyecto. La idea de «fábrica de cultura» y de dar importancia a lo audiovisual son elementos fundamentales.
Pero mientras tanto se da un paso básico: el Ayuntamiento se hace en 2004 con la propiedad del edificio. Una sentencia judicial reconoce al municipio la propiedad original del solar y eso acelera y simplifica la negociación con Altadis. Por menos de mil millones de pesetas Tabakalera pasa a manos públicas vascas. Eso despeja las dudas «físicas» de futuro.
El desacuerdo institucional, sin embargo, pone palos en las ruedas. Se crea un comité de expertos con Mikel Lejarza o Josep Ramoneda, entre otros. Se recurre a la empresa Bearing Point, que por muchos millones de pesetas hace una propuesta que tampoco será la que vea finalmente la luz.
El proyecto entra en un punto de desencuentro. Las instituciones encuentran en la figura de José Miguel Ayerza, gerente del Kursaal, el perfil ideal para llevar adelante la gestión, pero problemas burocráticos llevan al propio Ayerza a desmarcarse del proyecto.
La llegada de Muñoz
En 2006 se pacta la figura de Joxean Muñoz como gestor, con el apoyo del arquitecto Iñaki Galarraga y Santi Eraso, aunque luego Eraso se descuelga.
Durante un año el equipo de Muñoz trabajó con diferentes asesoramientos para perfilar el proyecto. Las instituciones consensuaron un primer acuerdo que fue presentado en 2007.
Ayer se presentó un nuevo desarrollo del acuerdo que desbroza los obstáculos surgidos en los últimos meses. La buena noticia es que hay «luz verde» para el desarrollo de la obra. La menos buena, que siguen muchas preguntas pendientes.
Hace años, cuando Gobierno Vasco, Diputación y Ayuntamiento firmaron un acuerdo que entonces también parecía definitivo para el desarrollo del Museo de San Telmo, titulamos un comentario así: «Del acuerdo como una de las bellas artes». Aquel acuerdo quedó luego en agua de borrajas precisamente porque en su lugar firmaron otro que ponía en marcha el proyecto de Tabakalera. Utilizamos hoy el mismo porque el pacto de ayer es una buena lección de pedagogía política. Sólo falta que esta vez se corresponda con la realidad. Y ojalá sea en 2013, la fecha pactada.