Hasta hace unas semanas, Asier no había realizado ninguna labor de voluntariado. No se habría imaginado nunca que iba a dedicar parte de su tiempo al cuidado de ancianos. A acompañarles y atenderles. «A darles de merendar». En total, han sido tres semanas en un centro de día para mayores de San Sebastián que le han servido para cumplir su deuda con la Justicia. «Ha sido una experiencia positiva y me ha servido para hacerme mejor persona», confiesa.
Asier ahora tiene 19 años. Bajo este nombre ficticio se encuentra un joven de Donostialdea que, a los 17, fue acusado y condenado por el robo de una moto. Él se considera «inocente». Su madre dice que es un chico «tranquilo y tímido» y «nada conflictivo». Por las tardes estudia «ESO en una escuela para adultos» y los fines de semana trabaja «como repartidor» en un restaurante chino.
Su afición por las motos y estar «en el sitio equivocado» hicieron que, junto a otro joven, le relacionaran con un hurto. Llegó el juicio de faltas y el juez le impuso una medida judicial consistente en una prestación en beneficio de la comunidad de 40 horas en un centro de día para mayores en Donostia.
La medida se ejecutó en enero. Asier encajó «bien» la noticia cuando le propusieron acudir a un centro de día para mayores. «Los primeros momentos fueron un poco difíciles», confiesa. El joven se dedicó a «pasear a los mayores» por el recinto del centro, a «darles de merendar» y a «ponerles el abrigo y las zapatillas» cuando regresaban a casa. Así tarde tras tarde.
Poco a poco fue cogiendo el pulso a su labor. «Me fui haciendo al lugar. Me reía con los mayores, me contaban sus cosas, se ponían a cantar... Cada día me tocaba dar de merendar a una persona diferente», recuerda el joven. «El balance ha sido muy positivo. Me han tratado muy bien y he estado muy a gusto durante las tres semanas», cuenta. Asier considera que programas como el que le ha tocado cumplir a él están «muy bien para los jóvenes infractores». Él prefiere no hablar ni del juicio ni de los hechos que se le imputaron.
«Le ha venido bien»
Su madre, María, de 43 años -separada y con otros dos hijos de 17 y 14 años a cargo-, se muestra satisfecha con el servicio prestado por Asier. «Le ha venido muy bien. Ha sido constructivo, aunque él siempre ha dicho que es inocente», recalca.
La madre espera que el trabajo «acompañando a ancianos» le haga «reflexionar» y le sirva para tomar «conciencia de los problemas que tienen los demás». En su opinión, los jóvenes de hoy en día «son muy egoístas» y cualquier «programa de ayuda a los demás en el que participen es positivo».
Casualmente, María está inmersa ahora en un curso de Geriatría. «Yo a mi hijo le he visto a gusto con los ancianos y, ¿por qué no?, puede que le entre el gusanillo y que en el futuro se dedique a ello porque hay pocos hombres que trabajen en este campo», afirma. No obstante, Asier ve más enfocada su vida profesional como «taxista o repartidor», cuando se saque «el permiso de conducir». Tampoco tiene previsto a corto plazo volver de forma voluntaria al centro de día de mayores ni colaborar con alguna ONG de forma altruista. «En el futuro quizás sí, pero ahora estoy un poco liado», cuenta.
Una vez cumplida la prestación, a su madre ahora le toca hacer frente a la multa de la responsabilidad civil decretada por el juez. «Son 500 euros y me tocará pagarlos a mí. A mi hijo, aunque trabaja los fines de semana, apenas le llega para la gasolina de la moto y poco más», afirma la madre.