san sebastián. DV. Con un fondo que supera los 200.000 documentos (de los cuáles más de 60.000 son prestables), 74.000 socios, más de 500.000 visitas y 134.051 préstamos en 2007, la evolución de la biblioteca de Koldo Mitxelena Kulturunea -dependiente de la Diputación Foral de Gipuzkoa- puede ser representativa de lo que está ocurriendo en la mayoría de las bibliotecas en lo que respecta a las demandas de los usuarios.
En los fondos que tienen a su disposición para el préstamo domiciliario los usuarios de la mayor biblioteca pública de Gipuzkoa -seguida de cerca en la mayoría de las magnitudes por la sede de Alderdi Eder de la red de bibliotecas municipales de San Sebastián- predominan por abrumadora mayoría los libros. Las 134.051 operaciones de préstamo que se realizaron en 2007 no reflejan, sin embargo, esa primacía, ya que confirmando una tendencia evidente desde hace unos años apenas hay una diferencia de 1.000 préstamos entre los 57.688 préstamos de libros y los 56.715 que tuvieron como objeto un soporte audiovisual, preferentemente alguna de las 3.700 películas que tiene en su catálogo la biblioteca del KM. Su responsable, Carmen Bilbao, matiza el dato recordando que la rotación es mucho mayor en el caso de los audiovisuales que en el de los libros, que se prestan para tres semanas prorrogables por un período de tiempo similar, algo que no ocurre con los DVDs y las cintas de VHS que todavía resisten. Es una diferencia que pone a los números en su sitio, pero que no niega la mayor.
«No somos un videoclub»
«La biblioteca es como un ser vivo, va dejando su huella, su rastro...», afirma Carmen Bilbao. La biblioteca debe estar atenta a las preferencias y apetencias de los usuarios y darles la respuesta adecuada y, como contrapartida, su actividad se va convirtiendo en reflejo de las mismas. «Cada período de actividad de la biblioteca queda recogido en una especie de estrato», indica gráficamente Bilbao. Quienes, dentro de unos años, se interesen por el estrato correspondiente a la actividad de la primera década del siglo XXI verán que aquellos que pedían en préstamo libros en castellano se decantaban con claridad por la literatura y, en concreto, por la narrativa, y tal vez se sorprendan al comprobar que, a juzgar por los libros más prestados en euskera, había mucha gente empeñada en aprobar el EGA o superar un determinado nivel lingüístico, ya que «constatamos, con sorpresa, que el interés por el aprendizaje de la lengua está muy presente en los títulos que se prestan en euskera». Tal vez les extrañe también observar cómo se han reducido los libros convencionales de religión que tanta presencia tenían hace unas décadas, y cómo ha aumentado, en proporción inversa, el número de volúmenes dedicados a otras formas de espiritualidad.
Si analizan los datos de préstamos referidos soportes audiovisuales, las películas ganan por goleada, aunque en el caso del euskera -por una cuestión tan relacionada con la demanda como con la oferta- los payasos en general y Pirritx eta Porrotx en particular no son fáciles de desbancar. En la biblioteca del Koldo Mitxelena tienen claro cómo encajar la oferta de nuevos soportes en las funciones propias de un recurso cultural público. «En lo que respecta a las películas, tenemos un decalaje de diez años, porque nuestra función no es competir con los videoclubs», precisa Carmen Bilbao. «Aquí no encontrarás novedades o películas que están en los catálogos de actualidad, pero si quieres conocer la historia del cine o ver películas clásicas, tienes mucho dónde elegir».
Lo mismo ocurre en cuanto a planteamiento con la sección de fondos musicales. «No podemos tenerlo todo, eso es evidente, por eso vamos profundizando en lo que tenemos, que es preferentemente música clásica, música étnica, jazz y música del país». En general, «tenemos muy en cuenta la gran presencia que tienen en San Sebastián tanto el cine como la música, y siempre estamos pensando en qué pueden necesitar nuestros usuarios». En el caso de la música, las necesidades de los usuarios parecen ser cada vez menores porque, en línea con lo que detectan las estadísticas generales, también en el Koldo Mitxelena se ha reducido de manera bastante notable la petición de CDs, soporte que no está llevando muy bien su competencia con otros formatos.
Carmen Bilbao reconoce que todos estos cambios son un síntoma de vitalidad, «porque una biblioteca, para estar viva, tiene que estar abierta a las necesidades del público, aunque sabemos que no podemos satisfacer a todos». Y, además, todos los soportes son igual de dignos a la hora de «llenar el ocio de cultura». Los cambios plantean, eso sí, nuevos retos a los gestores de las bibliotecas. En la del KM, de momento, ya están renovando la zona dedicada a los audivisuales, para tratar de arañar algo de espacio y mejorar sus servicios.