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RSS | ed. impresa | Regístrate | 18 julio 2008

Cultura

BIBLIOTECAS UN SERVICIO EN TRANSFORMACIÓN
La imagen acosa a la letra
30.03.08 -

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La imagen acosa a la letra
El libro sigue siendo el rey de la biblioteca, pero sus competidores avanzan con fuerza. [MICHELENA]
SAN SEBASTIÁN. DV. Todas las acepciones del término 'biblioteca' conducen al origen mismo de la palabra: al libro, a la letra impresa. Todas, excepto la que tiene en mente un número creciente de usuarios, que no acude a la biblioteca únicamente en busca de libros sino que opta de manera creciente por otros soportes, especialmente los audiovisuales.
En las antiguas bibliotecas, el pergamino desplazó al papiro o a la tablilla de barro y sucumbió, a su vez, ante el papel. En las bibliotecas del siglo XXI el papel, que pese a todo sigue siendo el soporte predominante, empieza a sentirse cercado por los nuevos soportes y formatos, especialmente en lo que respecta al préstamo de materiales, uno de los servicio que distingue y caracteriza a las bibliotecas públicas, las más utilizadas por los ciudadanos.
Tres veces al año
Según la última Estadística de Bibliotecas del INE, correspondiente a 2006 y difundida hace unas semanas, los españoles no destacan por el uso masivo que hacen de esos servicios culturales básicos. Aunque el número de usuarios se ha incrementado ligeramente con respecto a los datos anteriores, de 2004, el porcentaje medio de población usuaria de bibliotecas no pasa del 34%, si bien algunas Comunidades Autónomas como Castilla y León (56%), Asturias (49%) y Cataluña (48%) superaron ampliamente esa cifra. Euskadi, según los datos del INE, que registraba 740.577 usuarios entre adultos y niños, prácticamente calcaba la media estatal.
La mayoría de los usuarios vascos, 520.000, estaban registrados en las 200 bibliotecas que integran el Sistema Nacional de Bibliotecas de Euskadi, una amplia red basada sobre todo en las bibliotecas municipales. Los datos del Sistema referidos a 2006 dan pistas más precisas acerca del perfil de esos usuarios: 154.000 eran niños y 366.000 adultos, con destacado predominio de las mujeres.
Acudir a la biblioteca, en general, tampoco es una actividad muy practicada por la población: en 2006, la media de visitas por persona se estableció en 4,4 veces por año, destacando en la franja alta de la tabla comunidades como Navarra o Cantabria, con una media muy próxima a las siete visitas anuales. Euskadi se quedó en la parte más discreta de la clasificación, con tres visitas anuales.
En los últimos años se advierte un ligero y sostenido aumento de las cifras referidas a la utilización de un recurso cultural tan básico como la biblioteca, pero no es en ese aspecto en el que se están registrando los cambios más significativos, sino en los hábitos de los usuarios.
Cada vez menos libros
El libro sigue reinando en las bibliotecas, tanto en lo que respecta a los fondos como a los préstamos expresados en números absolutos. Si cada habitante de España pidió en 2006, de media, 1,5 documentos el préstamo, más de la mitad (el 64%) se llevó a casa un libro. En ese cómputo general que mezcla usuarios habituales de la biblioteca con personas que jamás traspasan la puerta de una de ellas, los vascos estamos exactamente, según el INE, en la línea media. Las cifras, lógicamente, son más abultadas si se pone la atención en los usuarios activos. Así, los datos del Sistema Nacional de Bibliotecas de Euskadi ponen de manifiesto que, aunque sólo la mitad de los socios dados de alta hicieron uso del servicio de préstamo en 2006, cada uno de ellos se llevó, de media, casi 10 documentos. En este caso, el número de libros prestados (1.735.960) dobla el resultado de la suma de películas (615.669), grabaciones sonoras (170.906), revistas (49.683), recursos electrónicos (45.784) y otros soportes (4.411).
Pero las tendencias no engañan. Como puede verse en el gráfico adjunto, a la hora de reflejar en números las preferencias de los usuarios que solicitan documentos en préstamo, el libro se mantiene con cierta tendencia a la baja, pero el que experimenta un crecimiento muy importante es el material audiovisual. En 2006, el préstamo de documentos audiovisuales creció un 30% con respecto a 2004, año en el que se había registrado un crecimiento todavía mayor si se tomaban como referencia los datos de la Estadística de Bibliotecas inmediatamente anterior, de 2002. También aumentaron, aunque de manera más discreta y en cifras absolutas prácticamente testimoniales con respecto a libros y documentos audiovisuales, los préstamos de publicaciones periódicas y documentos electrónicos. El préstamo de documentos sonoros, por el contrario, cayó el 11%.
Una de las primeras consecuencias del cambio de hábitos de los usuarios es la transformación de los fondos bibliotecarios. En 2006, y siempre según datos del INE, las bibliotecas españolas tenían registrados 219 millones de documentos. La mayoría, una vez más, eran libros, pero su presencia apenas había aumentado un 8% con respecto a 2004, muy lejos del incremento del 30% que habían experimentado los documentos audiovisuales que contenían esos esta- blecimientos que, quien sabe por cuánto tiempo, seguiremos llamando bibliotecas.
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