SAN SEBASTIÁN.DV. Los pueblos felices no tienen historia, dicen los manuales. La felicidad nunca es noticia, piensan los directores de periódico. Y sin embargo, la búsqueda de la felicidad, ese objetivo privado de cada individuo, entra cada vez con más fuerza en la esfera pública. Se multiplican los estudios sociológicos sobre el nivel de felicidad de los pueblos y la UE incentiva los diagnósticos sobre la felicidad de los pueblos.
¿Somos felices? ¿Qué es la felicidad? Preguntas que parecen propias de un libro de autoayuda se cuelan ahora en los informes anuales de la ONU y hasta en el Boletín Oficial del Estado. Lo curioso es que algunos de esos estudios se contradicen. ¿Por ejemplo? Veamos el caso de la felicidad de los vascos.
Una encuesta de la empresa de sondeos Append establecía hace unos meses que los vascos estamos más satisfechos con nuestra vida que otras regiones del entorno. Más aún, «tres de cada cuatro vascos se consideran totalmente o bastante felices» con su vida.
Por contra, un reciente informe patrocinado por la empresa Coca-Cola sitúa a navarros, extremeños, aragoneses y catalanes como los más felices de España. El País Vasco se sitúa en la media y en el nivel de felicidad inferior quedaban Madrid, Asturias y Murcia. Pero al margen del detalle geográfico, ambos estudios coinciden en que los vascos, como ocurre en todas las sociedades occidentales, valoramos la salud como primer factor que determina la felicidad, seguida a corta distancia por el amor y, más lejanamente, por el dinero.
Las mujeres, más felices
El perfil de persona feliz, según el informe presentado de la mano de la bebida refrescante, sería el de una persona entre los 26 y los 35 años, que tiene pareja estable, dos hijos y no pasa apuros económicos. Las mujeres se declaran más felices que los hombres y, según los estudios, vivir rodeado de unas correctas relaciones personales es ya casi tan valorado como la salud.
Según las conclusiones del informe de Append, mayoritariamente nos declaramos satisfechos con la salud y queridos por el entorno, pero donde más crece la insatisfacción es con nuestras condiciones de trabajo. Y así, el descontento con la vida profesional suele «enturbiar» la satisfacción con la vida de buena parte de los consultados.
Al refrán popular que dice que «el dinero no hace la felicidad» el informe objeta que «el dinero ayuda mucho». Así, las personas con menos ingresos son las que se muestran menos felices y las que presentan mayores problemas de salud, de desarrollo afectivo y de desarrollo profesional.
El informe destaca también que las personas de edad son el colectivo más vulnerable. Los problemas de salud más frecuentes en esa franja de edad, así como los problemas económicos, sitúan a los mayores en uno de los colectivos más frágiles desde la perspectiva de la felicidad.
El informe de Coca-Cola, presentado por el científico Eduardo Punset, aporta novedades más «cualitativas». Así, algunos hallazgos incluso «neurobiológicos». En opinión de Punset, «los resultados del informe destacan la importancia de lo que nos ocurre desde que estamos en el vientre materno hasta que llegamos a los cinco años: confirman la relevancia del entorno para inhibir, por ejemplo, el gen de la depresión», dice el escritor. Punset destaca también que el ser humano elige cada vez más, casi por instinto, relacionarse con gente que saca de cada uno lo mejor de sí mismo, y especialmente de cara a la reproducción.
Según Aristóteles la felicidad está en uno mismo; según el Informe sobre el Estado del Mundo, de Tim Jackson, cada vez más buscamos la felicidad en el consumo. Ubíquese entre uno y otro... o aúne ambas posturas a la vez.