san sebastián. DV. Dos son los principios que ha seguido la compañía Tanttaka durante sus veinticinco años de andadura: su identificación con los proyectos presentados y el interés del público, todo ello dentro de un marco heterogéneo donde han tenido cabida todo tipo de montajes. Aunque el punto fuerte de las celebraciones será en verano, el grupo ya comienza a preparar un intenso año que ha empezado con el Donostia Antzerki Saria que recibió el jueves pasado por Emakumeak izarapean y el estreno de Comida para peces el próximo jueves en euskera y el viernes en castellano.
Los veinticinco años de Tanttaka cuentan con dos etapas muy marcadas por éxitos y fracasos, aciertos y meteduras de pata. La compañía tuvo en sus inicios una peculiaridad que en el País Vasco no existía, la de tomar la idea de compañía residente. Buscaba un pueblo para ubicarse, donde exhibir sus obras, crear una dinámica teatral con un taller y una programación estable como contraprestación por disponer de unas instalaciones. Hernani fue el municipio que aceptó la propuesta de forma que los comienzos están muy vinculados a esta localidad. La sala Viteri fue una de las primeras, si no la primera, en tener una contar con una programación continuada en Gipuzkoa. Con el tiempo la gestión pública de los espacios fue asumida por las diferentes administraciones y Tanttaka optó por centrarse más en la producción.
Por entonces, cuando se consideraba que pretender vivir del oficio del teatro era cosa de locos, Tanttaka era una cooperativa formada por ocho personas y los géneros teatrales que afrontaban eran muy diferentes con formatos de dimensiones importantes respecto a lo que se estilaban antes con producciones bastante grandes de entre diez y quince actores. Saltaban mucho de género y montaron desde el drama naturalista de Agur Eire agur, a espectáculos infantiles como Ondo loin, -el primero con el que realmente tuvieron cierto éxito-, una ópera bufa como Flaminio, o un musical como Peligro, te quiero. Fue una época de descubrimiento también de posibilidades escénicas y de producción, de nuevos profesionales.... En definitiva, una época muy esperanzadora e ilusionante. En esos tiempos se juntaron actores procedentes de Antzerki, que apenas duró cinco años, y otros procedentes de varias compañías.
Fin de la primera etapa
Pero llegó el 92, las administraciones cortaron las ayudas a las actividades artísticas lo que supuso que compañías pequeñas sufrieran crisis económicas y estructurales en los años siguientes. Tanttaka, que financiaba sus proyectos con créditos al 16% de interés, también padeció esta situación y todos los socios tuvieron que poner dinero, 4 millones de pesetas de entonces, para poder pagar todas las deudas y cerrar la primera etapa de la compañía. Esta clausura no supuso que sus miembros abandonaran el teatro. Los que no se quedaron siguieron su propio camino con sus proyectos como Garbi y Koldo Losada, Alberto Ayestaran y Carlos Odriozola...
1995 y 1996 fueron los años de vuelta a empezar, pero Fernando Bernués, Kike Díaz de Rada y Mireia Gabilondo no partían de cero porque ya contaban con una línea definida en aspectos estéticos, éticos y narrativos. Comenzaron a trabajar en adaptaciones de textos no teatrales porque siempre han hecho gala de su gusto por las historias, concretamente la narrativa contemporánea. Las primeras producciones fueron Todas culpables y El florido pensil que además de ser su obra más representada, -la han recuperado diez años después de su primer estreno y todavía siguen teniendo bolos-, les supuso poder salir de agujero negro económico y disponer con un marco profesional más estable al contar con una oficina y un pabellón para ensayos. La estabilidad había llegado.
Los conflictos humanos han estado presentes en muchas de sus obras como Nacidos culpables, El pianista del océano, Paradero desconocido, Mi suicidio, La mano del emigrante o El porqué de las cosas... Todas ellas muy basadas en el trabajo del actor que se concreta también en el espectáculo que estrenan la semana que viene, Comida para peces. Ellos resumen que se trata de un teatro de emociones y nociones, de gente común y corriente enfrentada a situaciones especiales. Entienden las manifestaciones artísticas como una manera de acercarse al otro. Otra especie de lema en el que basan su trabajo es: conocer es entender.
Para el mantenimiento de la compañía otro elemento ha sido vital: la creación, junto a otros socios, de La Tentación Producciones que les ha permitido entrar en el campo audiovisual que hace 25 años no tenía ningún punto de conexión con el escénico. Siempre han considerado que los actores son actores sin importar dónde trabajen. Por esta misma razón Tan-ttaka ha ampliado sus miras y ha incluido la danza en algunos espectáculos elaborados en colaboración con la compañía Kukai, con quien están preparando la tercera producción. El encuentro ha supuesto una entrada de aire fresco en la compañía y mantienen su filosofía de que lo importante es lo que sale del alma y que las obras no son estancas.