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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 mayo 2008

Política

POLÍTICA
El PSOE avisa a los nacionalistas de que no se hipotecará por un acuerdo de investidura

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José Blanco y Eduardo Zaplana, durante la reunión de ayer en el Congreso. [J. L. PINO / EFE]
MADRID. La experiencia es un grado. El PSOE se niega a que las reivindicaciones nacionalistas del PNV hipotequen la acción de gobierno. La erosión padecida en la pasada legislatura como consecuencia del compromiso adquirido por José Luis Rodríguez Zapatero con el Estatuto de Cataluña ha dejado una honda cicatriz en la dirección del partido. La postura oficial es ahora la de que si los nacionalistas se exceden en sus exigencias se irá a una segunda vuelta en la investidura. No es lo que desean, pero tampoco lo descartan.
El secretario de Organización del PSOE y encargado de las negociaciones con los grupos parlamentarios, José Blanco, aseguró ayer que aún no ha comenzado a hablar de ese proceso con ninguna fuerza política, pero insistió en que cualquier acuerdo tiene que «sintonizar plenamente» con el proyecto político de Zapatero. Si no es así, dicen los socialistas, se pasará el primer trámite de la elección del presidente del Gobierno aunque sea a trancas y barrancas y ya se irán forjando acuerdos más adelante.
«La investidura no tiene por qué ser el final del proceso», alegó Blanco en alusión al último mensaje del PNV. El portavoz de esta formación en el Congreso, Josu Erkoreka, había vaticinado unas horas antes, en la televisión pública vasca, un «cierto nivel de confrontación política» si Zapatero se niega a resolver con el lehendakari Ibarretxe el «contencioso vasco» y finalmente no se alcanza un pacto con el PSOE. El portavoz peneuvista advirtió de que si los socialistas no se comprometen con la solución del «problema vasco» los nacionalistas no apoyarán la investidura de Zapatero.
El número dos de los socialistas aseguró estar «en la mejor disposición de hablar», pero añadió que no aceptará «condiciones previas de nadie». Su discurso casa con la insistencia de Zapatero en que los resultados obtenidos el pasado día 9 conceden a su grupo parlamentario mayor grado de «autonomía» que en la legislatura anterior. Faltan sólo siete diputados para la mayoría absoluta.
En el partido gubernamental son muchos los que creen que, en realidad, los peneuvistas están más necesitados del acuerdo porque la sangría de votos sufrida en los últimos comicios obliga a sus dirigentes a escenificar un cambio de rumbo y a salir del enroque del plan Ibarretxe. Por eso, piden que no se le sirva en bandeja una salida que, además de condicionar la agenda del Gobierno como ocurrió con las anteriores reformas estatutarias, perjudicaría los intereses del PSE a puertas de unas elecciones autonómicas.
PSOE y PNV se reunieron el pasado martes en Madrid pero Erkoreka confesó que salió de este encuentro con Blanco con un sabor «un poco agridulce» porque no obtuvo «ningún compromiso por su parte, sólo buenas palabras, buenos deseos y disposición a ceder los puestos que habrían de ceder en la Mesa del Congreso y del Senado».
Aunque tras el encuentro parecía que el ambiente entre ambos partidos era de cierto optimismo, Erkoreka precisó ayer que «no obtuve una respuesta contundente, porque él quería tener una visión de conjunto antes de comprometerse a lo que fuera», en referencia a la ronda de contactos que los socialistas mantienen con los diferentes grupos.
Recordó que todavía no han abordado la negociación del posible apoyo a la investidura de Zapatero, aunque advirtió de que, «si no hay un mínimo de compromiso para el diálogo y para solucionar el contencioso vasco», su grupo «muy difícilmente» podría apoyar su investidura.
Problemas en Cataluña
Fuentes de la dirección socialista admiten que la situación es «complicada» porque la otra alternativa, el entendimiento con CiU, también tendría un coste elevado. No en vano, la coalición nacionalista es oposición en Cataluña a un gobierno presidido por el socialista José Montilla. Y sólo daría el sí a Zapatero a cambio de un compromiso firme sobre mejoras en la financiación. Todo en un momento en el que el vicepresidente económico, Pedro Solbes, habla de apretarse el cinturón.
Blanco admitió ayer que aún no se ha tomado una decisión sobre la publicación de las balanzas fiscales, una exigencia de los catalanes a la que el ministro de Economía abrió las puertas en la pasada campaña. Este asunto será un elemento de negociación más con una formación que, en todo caso, condiciona su estrategia a la coyuntura del Gobierno de la Generalitat, en aprietos por las guerras intestinas abiertas en ERC, uno de sus tres pilares. Consciente de que, al menos hasta septiembre, el panorama no se despejará en Cataluña y de que costará atraer a su terreno a los diez diputados de CiU, el PSOE se prepara para otra legislatura de ardua negociación parlamentaria. Pero siempre con la premisa, insisten en la dirección del partido, de que esta vez siete diputados no condicionen el programa de 159. COLPISA
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