La Iglesia de Gipuzkoa prestó el pasado año ayuda material y humana a 27.000 personas necesitadas a través de 2.100 voluntarios que trabajan en las parroquias y en los centros especializados de atención a dependientes de la Diócesis de San Sebastián.
El delegado episcopal de Cáritas de Gipuzkoa, José Ramón Treviño, ha presentado hoy la campaña "Iglesia solidaria", que se desarrollará este fin de semana con el objetivo de dar a conocer la labor social que realiza la Diócesis y de "hacer llegar la realidad de la pobreza, la soledad y el sufrimiento" en una sociedad de bienestar.
En el acto han participado también la delegada de la pastoral de la salud, Idoia Iturrioz, el responsable de la pastoral penitenciaria, Patxi Mugerza, y el secretario general de Cáritas, José Emilio Lafuente, quienes dirigen los tres organismos a través de los cuales la Iglesia de Gipuzkoa desarrolla su labor social.
Enfermos con problemas de soledad, personas mayores, personas sin hogar, mujeres solas y con niños a su cargo, afectados por la droga o el Sida, inmigrantes sin recursos, gitanos, presos, jóvenes en riesgo de exclusión social, familias con problemas económicos y pueblos del Tercer Mundo son los "destinatarios y a la vez los protagonistas de la acción social de la Iglesia de Gipuzkoa", según ha explicado Treviño.
5,3 millones de euros
La Diócesis ha gestionado un total de 4 millones de euros para "paliar la situación de precariedad" que sufren los más desfavorecidos en Gipuzkoa y 1,3 millones para el Tercer Mundo.
El responsable de Cáritas ha señalado que el 60% de estos fondos procede de donativos y un 40% corresponde a ayudas de las instituciones.
No obstante, Treviño ha destacado que la ayuda que presta la Iglesia tiene un carácter "integral" porque "conlleva la cercanía, la acogida cordial, la presencia y el acompañamiento efectivo" y porque, además de la atención asistencial más básica se ofrece una ayuda "sostenida" para favorecer la autonomía y la inserción de los desfavorecidos.
El responsable de Cáritas ha considerado que "la propia sociedad debe y puede ser más solidaria, promoviendo el bien común y favoreciendo a quienes peor están, desde las instituciones, con políticas sociales más valientes y sostenidas, hasta los propios ciudadanos, que deben implicarse más personalmente",
Los retos principales a los que se enfrenta la Iglesia en este momento son la atención a los inmigrantes, los ancianos, los enfermos mentales y las mujeres maltratadas, así como la "humanización de las cárceles", según ha detallado Treviño.