EL fin de la violencia sigue siendo la gran prioridad de Zapatero. Ayer planteó ante los nuevos diputados del PSOE la necesidad de un entendimiento «sincero y noble» frente al terrorismo. Lo propone en un momento delicado, dos años después de la declaración de alto el fuego luego rota por ETA. De aquella euforia por la esperanza de tocar la paz con los dedos se ha pasado a una gran preocupación por el ciclo largo de violencia que se avecina.
La legislatura viene distinta y este mensaje de unidad no es una cáscara vistosa pero vacía por dentro. Empieza a ser una necesidad ética y estratégica. Ningún gobierno democrático va a emprender nunca un proceso similar al iniciado sin éxito en la pasada legislatura sin garantías tangibles de que ETA ha decidido terminar, una hipótesis bien lejana a tenor de la realidad de los hechos. Zapatero espera que el «sufrimiento compartido» de los españoles conducirá a un «pacto sincero y noble» contra ETA. Este compromiso pretende ampliar el consenso que tuvo el Pacto por las Libertades al abrir el abanico a nuevas complicidades con los nacionalistas que en su día quedaron fuera de la entente PP-PSOE fraguada tras la estela de la Declaración de Lizarra. Un acuerdo que supere las desconfianzas partidistas tendrá sentido si se acerca a la dinámica unitaria que animó el Pacto de Ajuria Enea. Para ello hace falta voluntad y tiempo.
La mayor incógnita es cuál puede y debe ser la política ante la izquierda abertzale que sigue sin romper amarras con ETA. El asunto reabre el debate sobre la Ley de Partidos, en su día elaborada sin el aval del nacionalismo democrático vasco.
Quizá haría falta actualizar una estrategia democrática contra la violencia que apueste también por una mayor deslegitimación de la misma. La deslegitimación ideológica del integrismo terrorista es esencial para trabajar por una profunda regeneración moral de la sociedad vasca tras tantos años de odio. Una tarea que pasa por reconstruir puentes entre nacionalistas y no nacionalistas y por no convertir los instrumentos -los pactos- en fines en sí mismos sino en estrategias útiles, de largo recorrido, huyendo de ocurrencias. Un 'pacto noble' debería rehacer diagnósticos y terapias comunes. «La división de los demócratas es una gran baza para ETA». El mensaje, más o menos literal, no es de Zapatero. Lo pronunció en su día Jaime Mayor en una época en la que el PP, entonces sin mayoría absoluta, cortejaba en Madrid al PNV. Ha llovido mucho. Pero la frase sigue teniendo toda su vigencia.