san sebastián. DV. Es evidente que el teatro vasco practica la emigración como forma de encontrar nuevas oportunidades y de abrirse a un mercado pequeño y viciado. El actor Víctor Criado desde Estocolmo, el empresario Jesús Cimarro y el actor Aitor Mazo desde Madrid, y el actor y director Paco Obregón desde Extremadura, opinan con motivo del Día Mundial del Teatro sobre lo que un día les impulsó a dejar el País Vasco para buscar otras realidades.
Víctor Criado ha cumplido los 40 en la capital sueca. Atrás quedan sus diez años con la compañía Ur y algunos más en el ambiente teatral, desde que Helena Pimenta inoculara el virus de la escena a alumnos del instituto de Errenteria, donde Criado estudiaba.
Cuando dejó Ur en 1999 se marchó a Madrid y allí trabajó para el Centro Dramático Nacional y la compañía de La Abadía. Durante todo este tiempo mantuvo el contacto profesional con grupos vascos como Traspasos o Hika. Actualmente viaja a España para representar El misántropo.
Su marcha del País Vasco vino empujada por las ganas de experimentar nuevos proyectos. «En Euskadi se puede vivir del teatro, que cuenta con apoyos de las instituciones, pero creo que se está haciendo un teatro artísticamente estéril. No es que Madrid sea una panacea, pero se puede contactar con otra gente y aprender, mientras que en el País Vasco se sigue haciendo un teatro naturalista un poco trasnochado».
Su experiencia en Estocolmo le hace pensar que allí nos llevan muchos años de adelanto. «Aquí hay una gran tradición, sólo un dato: hay más plazas para ver teatro que para el fútbol y los teatros se llenan al 90%».
Lo que no hay «son espectáculos tan grandiosos como los que se hacen en los teatros públicos españoles. Alucinan cuando les cuentas que en Madrid, en el Centro Dramático Nacional se gastan 400.000 euros para un montaje que va a durar como mucho dos meses en cartel». En Suecia la mayor parte de las compañías son estatales, «en Estocolmo puede haber unas cuarenta producciones anuales». Cree que sus días de actor por libre, entre España y Suecia, se van a acabar. Está aprendiendo sueco y peleando «con esas frases llenas de consonantes».
Optimista ante los retos
Jesús Cimarro sabe mucho de teatro, de producción y de relaciones con las instituciones públicas. Es uno de los principales empresarios teatrales de España. Dirige Pentación, una empresa con cien trabajadores. Dirige también el Teatro Bellas Artes de Madrid. En 2005 recibió el premio al Mejor Empresario.
Cimarro hace veintidós años que dejó Vizcaya para irse a Madrid. Había trabajado con Geroa hasta 1986. «Fue cuando montamos Doña Elvira o imagínate Euskadi y tuvimos un enorme éxito, hicimos temporada en Barcelona y Madrid y la llevamos a Nueva York». Entonces propuso a Geroa dar un salto adelante como compañía y «no vi que lo tuvieran claro, así que me fui a Madrid a buscarme la vida».
Montó Pentación, junto a Alonso de Santos, Gerardo Malla y Rafael Álvarez, El Brujo. Estuvieron doce años juntos, pero hoy de aquel cuarteto sólo queda Cimarro como responsable de Pentación. Se muestra orgullosos de que a sus 42 años ha producido «más de cien espectáculos».
Quiere desterrar la imagen «frívola del empresario con el puro, el que se iba con las actrices y se llevaba la pasta». Quizás por eso sea el único autor de un libro de producción, gestión y distribución teatral en español. Contra la imagen del «empresario casposo», Cimarro desea potenciar la del «emprendedor de distintas aventuras culturales». Reconoce que es una profesión muy autodidacta y le gustaría que se le diera un rango académico.
El teatro se divide según Cimarro «en bueno y malo». Y cree que la escena privada «ha conseguido elevar el nivel, dentro de la comercialidad y de tener claro que yo lo que quiero es que vaya el mayor número de gente posible a ver lo que produzco». Respecto a la situación general del teatro, se declara «optimista». El reto «es hacer teatro que interese al espectador, algo que a veces es criticado, pero es la única manera en que yo entiendo el teatro porque dependemos del público, al menos en lo privado».
Lo que más claro tiene Cimarro es que el teatro «es producción de futuro porque los espectáculos en vivo es lo que está de moda y lo que sirve, lo tienen mucho más complicado la música enlatada o el cine porque todo lo que se pueda ver por internet va a cambiar radicalmente».
Una marcha no razonada
Compañero de Cimarro en la etapa de Geroa fue Paco Obregón, quien desde los 18 años está metido en la profesión teatral. Actor, director y con algunas incursiones en la escritura teatral, Obregón formó parte de Geroa y después creó la compañía Eolo. En 1996 decidió dejar el País Vasco. Madrid y Extremadura han sido desde entonces sus paradas, aunque sigue haciendo trabajos en Euskadi, como Mi querido Klikowsky.
Tiene 55 años y dice que su marcha del País Vasco no fue razonada, «sino el resultado de un cúmulo de sensaciones. Había hecho todo lo que se podía hacer, intenté que hubiera lógica en las subvenciones y que todos los años no nos tuviéramos que examinar ante la administración. Pensé que esto ya no daba más de sí, no tenía fuerzas ni ganas para continuar».
Está ahora montando en Badajoz Muerte accidental de un anarquista. Su mirada al teatro actual no es optimista: «Veo que está entregado a la administración, vamos a su paso y hay falta de independencia». Ve a las compañías pendientes «de las ventanillas, si hay subvención se monta, pero si falta, no. Se trabaja a los ritmos que ellos marcan, todo el mundo estrenando al mismo tiempo. Y esto sucede en todos los lugares».
Madrid lleno de vascos
La razón por la que Aitor Mazo se fue a Madrid «fue como la de todo el mundo, conocer a otros directores y otros espacios». La trayectoria de Mazo en el País Vasco pasa por la compañía Maskarada. También ha trabajado con Tanttaka y creó Txirene.
A Madrid llegó ya con trabajo, sobre todo en televisión y cine. Y cuenta una anécdota: «Estábamos ensayando y el director abandonó el montaje, un compañero estaba muy preocupado y a mí me daba la risa. Se sorprendió por mi reacción y le dije que es que estaba acostumbrado a trabajar sin director, que no pasaba nada. La dirección de actores nunca ha sido el fuerte del teatro vasco».
En la capital española hay «mucho trabajo, sobre todo en las series, aunque también han bajado los sueldos». El teatro se mueve «tanto en las salas grandes como en las pequeñas, hay vida y movimiento, lo más complicado es hacer cine». Dice que Madrid «está lleno de actores, directores y técnicos vascos».
Participa ahora en la serie La familia Mata y representa la comedia El día del padre. «Hace tiempo que no trabajo en el País Vasco». Cree que «ir o no a una localidad depende de la amistad con los programadores. Yo no tengo contactos» n