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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 mayo 2008

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El primer homínido europeo vivió en Burgos

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BILBAO. DV. El primer homínido europeo vivió en la sierra de Atapuerca (Burgos) hace 1,2 millones de años. Descendía de unos africanos que habían abandonado su continente natal por Oriente Próximo y se habían asentado en Dmanisi (Georgia), a las puertas de Europa, hace 1,7 millones de años, pero era ya diferente a ellos. En su largo viaje hacia el extremo occidental del continente, había cambiado hasta convertirse en otra especie, la primera genuinamente europea. Es lo que han concluido los investigadores de Atapuerca del estudio de una mandíbula descubierta en la sierra burgalesa. El fósil aúna características de los homínidos de Georgia y de Homo antecessor, y protagoniza hoy la portada de la revista Nature.
Los científicos que excavan en el nivel TE9 de la Sima del Elefante, uno de los yacimientos ubicados en la trinchera abierta para un ferrocarril minero a finales del siglo XIX, encontraron el 30 de junio de 2007 una mandíbula humana asociada a útiles de sílex Las herramientas, un total de 32, son muy sencillas y fueron utilizadas por los primitivos habitantes de la sierra de Atapuerca para aprovechar la carne de algunos grandes herbívoros, como demuestran las marcas que dejaron sobre varios huesos.
Los investigadores recurrieron a tres métodos diferentes para fechar los restos humanos: el paleomagnetismo, la biocronología y la geocronología. Los polos magnéticos terrestres se invierten periódicamente y la orientación de cada momento queda grabada en las rocas que se forman en ese periodo. El paleomagnetismo reveló que los niveles entre TE7 y TE16 de la Sima del Elefante se depositaron en la época conocida como Matuyama, entre hace 780.000 y 1.780.000 años, cuando la polaridad era inversa y las brújulas apuntarían al Sur. Los restos de mamíferos -un mustélido y varios roedores de diferentes especies- databan de un máximo de hace 1,4 millones de años. Y la concentración de aluminio y berilio en el cuarzo apuntaba a 1,2 millones de años. La mandíbula de TE9 es, por tanto, el resto humano más antiguo encontrado en Europa.
«El fósil corresponde a la parte delantera de la mandíbula, donde está el mentón. Es muy interesante porque la parte anterior recuerda a la de los homínidos de Georgia y la posterior a la de algunos de Asia, e incluso a nosotros. Provisionalmente, lo hemos asignado a la especie H. antecessor», explica el paleontólogo José María Bermúdez de Castro, codirector de las excavaciones y director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana. Él y sus colegas defienden en Nature que esa mezcla de características es una prueba de que evolucionó en Europa a partir de los homínidos de Dmanisi y que, por tanto, estamos ante la primera especie humana propiamente europea. En su opinión, todas las evidencias sugieren un evento de especiación en el extremo más occidental de Eurasia, que habría originado el linaje de H. antecessor, cuyos primeros restos se descubrieron en Atapuerca en 1994 en el nivel TD6 de Gran Dolina. «Hemos encontrado la primera especie europea, de la que es posible que luego derivaran H. heidelbergensis y los neandertales», indica Eudald Carbonell, codirector de los trabajos y director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social.
¿Hijos de 'H. antecessor'?
Aunque poco puede decirse a partir sólo de una mandíbula, Juan Luis Arsuaga, el tercero de los directores del proyecto y director del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, adelanta que el primer europeo «tendría nuestra estatura, sería más ancho que nosotros -característica que se atribuye a todos los humanos arcaicos- y su capacidad craneal rondaría los 1.000 centímetros cúbicos, frente a los 1.400 de nuestra especie». Para él, estamos ante un fósil «primitivo, pero fino»; y no hay por qué descartar que se encuentre en nuestro linaje, ya que «nosotros y los neandertales tenemos un antepasado común». La inclusión de H. antecessor entre nuestros antepasados directos no la comparte, sin embargo, Bermúdez de Castro.
Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carbonell plantearon en 1997 un posible escenario evolutivo según el cual H. antecessor llegó de África a Europa, donde habría dado lugar con el tiempo a los neandertales. Pero, como no todos los H. antecessor habrían abandonado el continente negro, entre los descendientes de los que se quedaron en África habríamos aparecido nosotros, los H. sapiens. Bermúdez considera que la demostración de que H. antecessor evolucionó en Europa invalida esa hipótesis y que, «aunque puede haber continuidad entre esta especie y los neandertales, no podemos descartar que en medio llegaran nuevos emigrantes».
La nueva mandíbula de Atapuerca responde a la pregunta de cuál fue la primera especie de homínido europea, pero plantea nuevas incógnitas sobre nuestro origen a las que habrá que responder con futuros hallazgos. Una de ellas es si se trata de un fósil de H. antecessor o de una especie anterior. «En mi carta a los Reyes voy a pedir una mandíbula inferior en TD6 de Gran Dolina», indica Bermúdez de Castro. La razón es que así podrá compararla con la de la Sima del Elefante y determinar si se trata de la misma especie o no.
El linaje europeo
Pase lo que pase, Carbonell lo tiene claro: «En Atapuerca, tenemos el árbol evolutivo de los homínidos europeos». El último millón de años de la evolución de los homínidos en Europa está escrito en la sierra burgalesa, con la excepción, todavía, de los neandertales, descendientes de los H. heidelbergensis y de los cuales aún no se ha encontrado ni rastro en Atapuerca.«Ahora me queda encontrar neandertales», bromea el arqueólogo catalán, quien, como sus colegas, no descarta que la ocupación humana de lo que hoy es Burgos se remonte todavía más atrás en el tiempo. Él, Bermúdez y Arsuaga creen que es posible que hubiera humanos en la Península hace 1,5 millones de años, y saben que el libro que hay escrito en forma de restos en el subsuelo de Atapuerca no acabará de leerse hasta dentro de décadas.
«La Sima del Elefante es un yacimiento que en realidad pertenece a las futuras generaciones. No hemos hecho más que rascar en la sección cortada por la trinchera. Hemos limpiado un poco y excavado el equivalente a un despacho», explica Arsuaga, para quien, pese al hallazgo de útiles hace tres años en niveles parecidos, sólo ahora queda zanjada la cuestión de la primera ocupación de Europa occidental. «Puede haber discusiones sobre si las piezas de sílex son o no restos de talla. Por eso, para convencer al personal, no hay nada como una buena mandíbula. Para probar la presencia humana, no hay nada como un buen fósil». Mucho más es lo que queda por recuperar de la Trinchera del Ferrocarril que lo que se ha sacado a la luz. «Vamos escribiendo la historia de Europa a partir de lo que encontramos. Tenemos que ser humildes porque apenas sabemos nada», quería dejar claro Bermúdez de Castro ayer, cuando Atapuerca volvía a primer plano de la ciencia mundial. «Estamos muy contentos. Es un gran éxito de la ciencia de este país», decía ayer Carbonell.
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