La ceremonia de ayer sirvió también para entregar los diplomas de la regularidad en la elaboración de quesos. El diploma correspondiente a las queserías artesanas fue para la marca Basondo, del pueblo alavés de Gereñu; y el de la categoría de quesería intermedia, que trabaja con leche de varios rebaños, para Endara, de Sunbilla.Tanto una como otra repiten por segundo año consecutivo, y en alguna otra ocasión también habían logrado el galardón.
Miriam Molina, gerente de la Denominación de Origen Queso Idiazabal, dijo ayer que «este galardón tiene mucho mérito», pese a que luego pasa bastante desapercibido en los medios de comunicación. Recordó que los diplomas se conceden en virtud de los puntos concedidos en las degustaciones realizadas por el Comité de Cata de la Denominación Oficial. «Se visita cada quesería varias veces al año, y las piezas de queso se escogen al azar», dijo Molina.
Según la gerente de la D.O., el mérito es aún mayor por cuanto en el Idiazabal se trabaja siempre con leche cruda, no pasteurizada, «con lo que es más costoso lograr una regularidad. Con estos diplomas premiamos la meticulosidad del trabajo diario».
El caso de los hermanos Audikana es curioso. Tras residir en Andoain, volvieron al pueblo de su madre, situado entre Salvatierra y Dulantzi. De los cinco hermanos, tres volvieron a sus raíces -Irune, Josu y Andrés- de forma escalonada. Ahora trabajan con un rebaño de 300 cabezas y buena parte de la producción la venden en la misma quesería. «Nos viene gente de Vitoria, de Andoain, de Hernani, donde tenemos parientes», comentó ayer Irune.
En nombre de la quesería Endara acudió Arkaitz, el hijo de los pastores, que no se dedica a este oficio, aunque no descarta que lo haga en el futuro. Esta quesería de Sunbilla recoge la leche de una quincena de caseríos de la zona, y se fundó hace un cuarto de siglo.