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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 23 mayo 2012

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«Amor y paciencia son la clave para trabajar con los animales»
25.03.08 -

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SAN SEBasTIÁN. DV. «Desde jóvenes amamos y respetamos a los caballos. Para nosotros Cavalia no es un show, es nuestra vida». Son Magali Delgado y Frédéric Pignon, el matrimonio responsable de todo lo que tiene que ver con los más de sesenta caballos que hay en este espectáculo. Son los domadores, los cuidadores y los «padres» de todos ellos.
Frédéric se encarga más de la parte acrobática y Magali de la doma. «Nuestra forma de trabajar es lenta, otros especialistas nos suelen decir que ellos lo harían más rápido y tienen razón, pero utilizando la fuerza». Ellos la rechazan como fórmula. «Si un caballo trabaja obligado lo hará mal, nosotros buscamos la perfección pero dándonos cuenta de que son seres vivos y no máquinas. Tienen sentimientos y sensibilidad, son muy intuitivos, y si les gusta su trabajo lo hacen bien, igual que nos sucede a nosotros».
Dicen que no existe una escuela para este tipo de labor que llevan haciendo 20 años. «Hemos tenido que crear el método nosotros, trabajamos con la mente del caballo mucho más que con el físico». Magali insiste: «He visto muchos caballos con la mente rota, tristes, muy mal físicamente. Mi padre, criador de caballos, me dio la clave: amor y paciencia».
Los caballos se sienten artistas, «les encantan las reacciones del público, hay uno que busca la arena más negra para revolcarse porque sabe que al mancharse la gente se ríe y eso le encanta». Hablan de otro caballo, al que dejaron en Canadá pastando «y se deprimió, tuvimos que alquilar espacio en un avión para traerlo con nosotros, esas cosas te tocan», dice Frédéric.
Como forma de trabajo utilizan mucho el juego. «Que disfruten poco a poco porque no se les puede obligar. La gente piensa que los maltratamos y no es verdad. Son muy sensibles, hay que aprovechar lo que a cada uno les gusta y también puede pasar, como con las personas, que no valgan para esto. En ese caso no insistimos».
Tampoco pueden dedicar una sesión de aprendizaje «a un solo ejercicio porque lo rechazan, para ellos esto es un juego». Frédéric se divierte con un hermoso ejemplar negro de dos años, que le persigue dando saltos. «A veces, sobre todo los más jóvenes, no me diferencian de otro caballo y tienen mucha fuerza. Hay que poner límites sin dejar el cariño, como a un niño».
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