Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 30 agosto 2014

San Sebastián

SAN SEBASTIÁN
El graffiti de 'La Movida'
16.03.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
SAN SEBASTIÁN. DV. Existe un lugar en San Sebastián que escapa a la lógica que impera en el centro de la ciudad. Allá donde muere la avenida de la Libertad y nace la playa hay un voladizo que nada tiene que ver con el reverso aséptico, inocente e inmaculado propio de la Bella Easo. Este sitio, escenario en el que se suceden amores furtivos, ebriedades adolescentes y, en ocasiones, canalladas varias, es el subsuelo del paseo de La Concha, el reverso incómodo de éste, una arruguita en el maquillado rostro de San Sebastián. Por ello, en estos bajos no rigen las mismas normas que en otros rincones y calles. En el voladizo, es evidente, no llueve cuando el resto de la ciudad es víctima de una tormenta, de ahí que hace un par de semanas los atravesáramos para comunicar una punta del paseo con la otra.
En nuestro recorrido nos encontramos con varias pintadas, hecho en absoluto insólito para un lugar como éste, a salvo de miradas reprobatorias. Esta anécdota no habría tenido mayor importancia si no fuera por el contenido y caligrafía de uno de ellos: Muelle, se leía, acompañado de una R de Registrado y subrayado por una línea que imitaba la espiral de un, valga la redundancia, muelle. ¿Qué tenía de especial? Meses atrás, leyendo un libro sobre curiosidades de Madrid, nos llamó la atención la historia de un artista, Juan Carlos Argüello, sobre el que pesaba la responsabilidad y el mérito de haber introducido el fenómeno del graffiti en la España de los años ochenta, como una expresión artística más de la famosa Movida. ¿Qué tiene que ver este personaje con San Sebastián? La marca de fábrica de Juan Carlos Argüello era su tag -firma- de Muelle, mote que le acompañaba desde su infancia.
El tal Argüello comenzó en 1984 a firmar paredes, muros, casas y rincones de Madrid. Su perseverancia le llevó, primero, a superar las fronteras de la capital de España y, luego, a estampar su rúbrica en todas aquellas urbes, nacionales o extranjeras, por las que pasaba. Meses después de sus primeras intervenciones, Muelle se convirtió en una suerte de mito, admirado por todos aquellos que se dejaban seducir por la cultura urbana que venía desde Estados Unidos. Con los años, Argüello fue embelleciendo sus pintadas y dotándolas de más colores, siempre con el citado vocablo como principal protagonista. Su arte adquirió fama nacional cuando , en 1987, fue detenido tras tratar de pintar la emblemática estatua del Oso y el Madroño sita en la Puerta del Sol de Madrid. Juan Carlos Argüello falleció en 1995, víctima de un cáncer. Tenía 29 años.
El tiempo se encargaría de alimentar el mito y dignificar unos trazos hechos con spray que, en los tempranos ochenta, eran objeto de la ira municipal. El documental que, en su día, emitió Televisión Española y, en la actualidad, se puede encontrar en Internet, Mi firma en las paredes, explora los orígenes de de este fenómeno de arte callejero, subrayando la importancia de Muelle. A día de hoy, en Madrid, todavía puede verse una de las firmas de éste con más de veinte años de historia. Se encuentra en uno de los edificios de la céntrica calle Montera, en el número 32, a la altura del primer piso y está hecha en rojo, con sombreados blancos. Su aspecto es exactamente igual al que se encuentra en San Sebastián.
Así, descubierto esto, teníamos los ingredientes, pero desconocíamos qué historia podríamos cocinar con ellos. ¿Cómo se explicaba la presencia de la firma Muelle en el pasadizo de La Concha? Cabían varias posibilidades, una de las cuales se nos antojaba absolutamente increíble: que el propio Argüello la hubiera estampado años atrás. Resulta imposible que una firma facturada en la década de los años ochenta, en semejante pared, hubiera llegado hasta nuestros días, y menos en una ciudad como San Sebastián, perpetuamente sometida a la rutina del eslogan político y su posterior borrado. ¿Ante qué nos encontrábamos? ¿Un usurpador de identidad? ¿Un nostálgico llegado desde Madrid? ¿Un descendiente que quería recuperar el legado de su antepasado?
Para tratar de saber un poco más sobre los orígenes y circunstancias del garabato donostiarra, nos pusimos en contacto con Juan Luis Etxeberria, colaborador habitual de este periódico, y persona versadísima en asuntos modernos, alternativos y/o sofisticados. No tardó ni dos minutos en pasarnos el contacto del donostiarra Mikel Arbiza, artista, comisario independiente, coordinador del Festival Internacional Street Zinema sobre contraculturas urbanas y autor del fanzine electrónico www.perros-callejeros.info sobre esas mismas temáticas. Éste nos explicó el por qué del esbozo que se encuentra en los bajos del Paseo y despejó todas las dudas: «Lo que se puede leer en la foto es que CFM -un escritor de graffiti madrileño sobre el cual corren muchos rumores (...)- hace una dedicatoria al difunto Muelle». Arbiza nos invitaba, además, a visionar el documental antes citado, Mi firma en las paredes, «para entender el fenómeno del graffiti autóctono madrileño, del cual Muelle fue precursor».
El misterio estaba resuelto, pero una nueva pregunta nos inquietó: ¿cuál podría ser la pintada más antigua de San Sebastián? n
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Videos de Gipuzkoa
más videos [+]
Gipuzkoa
Vocento
SarenetRSS