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Uriarte anima a «no desalentarse» en la búsqueda de «una paz que se resiste»
16.03.08 -
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OÑATI.DV. Miles de fieles guipuzcoanos respondieron ayer a la llamada de la Diócesis de San Sebastián y cubrieron los ocho kilómetros de la tradicional marcha a Arantzazu en Oñati. El obispo Juan María Uriarte encabezó la comitiva y animó a no «desalentarse en la búsqueda orante y activa de una paz que se nos escapa continuamente de las manos».
Acompañados por el sol, la comitiva partió a las 9.30 horas desde el hotel Soraluze de Oñati Allí, el prelado donostiarra dio la bienvenida a los presentes y les agradeció su «deseo de fortalecer y expresar públicamente la fe» y el «anhelo de una paz que se resiste».
Tanto en su mensaje de bienvenida como en el acto que cerró la marcha, ya en el santuario, Uriarte insistió en «el futuro de la fe» y en la ausencia de paz en Euskadi. Respecto al primero de los ejes de su discurso, el obispo recordó que la subida a Arantzazu «es un balón de oxígeno» para «nosotros que nos sentimos profundamente preocupados por el presente y futuro de nuestra fe y de nuestra comunidad cristiana».
En cuanto a la anhelada paz, el prelado recalcó que «cada vez se nos hacen más intolerables y abominables tragedias como la de Isaías Carrasco -ex concejal socialista de Arrasate asesinado por ETA-. Pero seguimos esperando sin desmayo. Hoy nos toca orar por la paz; mañana, trabajar por ella».
Uriarte apeló a «la tasa de renuncia necesaria» para «un entendimiento que nos encamine a una reconciliación duradera». Por último, el obispo concluyó que «las soluciones no siempre son posibles. Los acuerdos honestos dictados por la equidad y la voluntad de entendimiento sí lo son». Por ello instó a «aprender a gestionar los conflictos sin tener siempre la ambición de soluciones definitivas».
Llegados de todos los rincones de Gipuzkoa, en torno a 7.000 personas -según la organización-, acompañaron ayer al prelado donostiarra en la marcha, tras una pancarta bajo el lema Permaneced en mí. No temáis. Uriarte -que cumple 75 años en junio- cubrió en ropa deportiva parte del recorrido (el inicio y el final). Junto a él, en las primeras filas de la pancarta estuvieron presentes, entre otros, la portavoz y consejera de Cultura del Gobierno Vasco, Miren Azkarate, -una incondicional de esta marcha-; el obispo del departamento boliviano de El Beni, el franciscano Manuel Egiguren; así como un sacerdote y un matrimonio angoleños de visita en Gipuzkoa. También hubo una nutrida representación de inmigrantes de distintas parroquias.
Con una muleta
Entre la multitud que ayer cubrió la marcha vestida con ropa deportiva, la tolosarra Mari Carmen Orbegozo llegó a la explanada del santuario satisfecha del esfuerzo realizado. «Vengo por la fe en María y porque espero que ella nos ayude a conseguir la paz de una vez por todas», afirmó. Ayudada de una muleta, a sus 69 años, no tuvo problemas en la ascensión. «Desde que me operaron la rodilla, es el tercer año que vengo», afirmó.
Muy cerca de la tolosarra, Maite e Inés, dos hermanas de 37 y 31 años, de Errenteria, no se arrepentían «del madrugón a las seis y media de la mañana» que habían tenido que acometer para coger el autobús de la parroquia de San José Obrero de Iztieta. «Somos creyentes y venimos a ver a la Virgen, aunque también es una oportunidad para que las dos hermanas estemos juntas, porque cada vez nos vemos menos», confesaron.
Durante todo el recorrido, los altavoces colocados por la organización lanzaban cantos y mensajes de oración, a los que se unían intercalados bertsos de Anjel Mari Peñagarikano. Al finalizar la homilía del obispo, K.Q. Mimoa realizó una actuación para «simbolizar cómo vencer los miedos que nos impiden seguir adelante».
Como otros años, Cruz Roja movilizó a 36 voluntarios que atendieron a once personas «por esguinces y fatigas». La lluvia respetó la subida y, aunque el cielo se tornó amenazante, sólo cayeron cuatro gotas al final del acto.

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