DV. «Un drama. Esto es un drama». Francis Tamayo, gerente del centro de talasoterapia La Perla, continuaba ayer lamentando los estragos causados por los embates del mar. No era para menos. Treinta horas después de que la fuerza de las olas arrasara sin clemencia sus instalaciones, en La Perla todavía no se podía acceder a las zonas situadas en el nivel inferior. Medio metro de agua cubrían aún la sección dedicada a salud y estética, los vestuarios, la parte baja del gimnasio y la sala de máquinas, «que son casi mil metros cuadrados». La zona de contrastes del circuito termal y el baño turco están a la misma altura. «Seguimos achicando».
Hacia las cinco de la tarde lograron retirar las balsas de agua y varios técnicos pudieron recorrer las instalaciones, recién renovadas, para evaluar los cuantiosos daños. Según las primeras estimaciones, el coste de las reparaciones ascenderá a entre cinco y siete millones de euros.
La furia del mar ha golpeado más fuerte, aún si cabe, a este centro, ya que la inauguración de su ampliación estaba prevista para junio. Muchos elementos que ha barrido el oleaje acababan de estrenarse. Los amplios ventanales que dan a La Concha habían sido colocados hace apenas diez días. Las 22 cabinas de estética, equipadas a la última para los tratamientos más avanzados, eran nuevas, así como las máquinas de climatización o los quemadores de gas. De ellas depende, en gran medida, la reapertura. «Estos equipos pueden tener un plazo de entrega de varios meses. Podemos tenerlo todo muy bonito y preparado, pero sin todos esos equipos no podemos trabajar».
Mientras tanto, los responsables de La Perla, que emplea a 120 trabajadores, improvisan una salida para los 800 socios de su gimnasio y anulan las citas concertadas para Semana Santa, un 'agosto' anticipado para el que tenían la agenda completa. n