Valencia. Unos, mirando el medallero, hablan de fracaso. Otro, analizando todas las circunstancias, habla de notable alto. Pero todos, unos y otros, analistas y presidente, atisban la Gran Muralla al fondo. Es año olímpico. Palabras mayores. Ni siquiera un Mundial en casa, como el que acaba de organizar Valencia, consigue olvidarlo. Sólo ha sido un eclipse parcial..
Para ser un fracaso tiene que haber pequeños fracasos, atletas que se derrumban en la pista. Y, salvo alguna excepción aislada, no ha sido el caso. Pero para sacar una nota alta hay que aparecer en el medallero con algo más que una raquítica medalla de bronce. Y tampoco ha sido el caso.
Competir en casa suele ser un trampolín. No es una hipótesis; es una certeza. Había dos precedentes en Mundiales en sala: Sevilla'91 y Barcelona'95. España logró en los primeros cuatro medallas, tres en los segundos.
Juan Carlos Higuero salvó el honor con su tercer puesto en 1.500. El de Aranda es un atleta que cada año está más cuajado. Su fracaso en los Juegos de Atenas dio paso a un nuevo bucle olímpico en el que no ha tenido un año en blanco. Higuero pasa a formar parte del Olimpo de atletas españoles, aquellos que siempre que compiten aspiran a una medalla, como Paquillo Fernández, Marta Domínguez y Mayte Martínez.
La vallisoletana, precisamente, fue uno de los tiros al poste de un yin totalmente equiparado ya al yang del atletismo español. Las chicas son guerreras. Mayte Martínez dejó pasar una gran oportunidad de convertirse en campeona del mundo. Quizá por culpa de una fascitis plantar que le ha impedido trabajar en invierno como hubiera deseado. Pero incluso este desliz le reafirma en el vagón de las aspirantes a las medallas en cualquier competición planetaria. Como Ruth Beitia, líder de una generación de saltadoras como nunca ha habido en este país. La cántabra tutea a las mejores del mundo y pule su técnica para hablar con ellas encima de un podio. Un piso más abajo está Concha Montaner, quien, como Beitia, acaba de introducir cambios en su rutina técnica para dar el salto.
Fondo y lanzamiento
El fondo no está tan boyante como los saltos. Los crosses aportan unas recompensas económicas que el atleta no encuentra en la pista. En Valencia se ha notado. Los lanzamientos, en cambio, muestran la evolución del atletismo español, cada vez más equilibrado. Aunque la pista cubierta no permite comprobar su afinación previa a Pekín, salvo en el caso de Manolo Martínez, quien difícilmente volverá a luchar por las medallas.
Las vallas, en cambio, alumbraron el nacimiento como española de Josephine Onyia, que protagonizó la escena más triste al tropezarse cuando iba a por la medalla de plata. En el Nido de pájaro el estadio olímpico, España volverá a encomendarse a los de siempre: marchadores, maratonianos y a Marta Dominguez.
España evoluciona, pero muy lentamente. Ocurre en toda Europa. Porque hubo países tradicionalmente poderosos que salieron trasquilados de Valencia. Como Alemania, Francia o Italia, que regresaron de España con las alforjas vacías. El retroceso del viejo continente es evidente. COLPISA