San Sebastián. DV. 'Bravi tutti i corridori eroi che sono arrivati al traguardo' (Bravo a todos los corredores que han llegado a la meta) era la respuesta de muchos aficionados ante la presencia de los corredores en Siena.
La segunda edición de la Monte Paschi Eroica, que ganó el doble campeón del mundo de contrarreloj, Fabián Cancellara, por delante de otro especialista en clásicas al límite, Alessandro Ballan, devolvió el ciclismo a unos tiempos que fueron felices para este deporte.
La clásica de las 'carreteras blancas' discurre por una de las regiones que más sensaciones transmite de Italia, la Toscana, escenario de muchas películas con historias de amor.
Adornada con viñedos a lo largo de la carretera, la tierra del Chianti, con 60 kilómetros de ruta de gravilla y tierra, divididos en siete tramos, finalizó en la plaza Campo, en Siena, donde se celebra el palio, un evento de caballos famoso en el mundo entero.
Es una competición entre barrios de Siena, de origen medieval, que se disputa dos veces al año. Los colores verdes, ocres y rojizos contrastan al paso del pelotón con el resplandor que siempre adorna toda caravana ciclista.
Mientras Cancellara dejaba a Ballan, Paolo Bettini llegaba a la meta con el maillot del campeón del mundo en último lugar, pero también demostrando una humildad que le hizo recoger los aplausos de miles de aficionados.
Los corredores italianos no fallaron en esa reconciliación del ciclismo con otras épocas diferentes a las actuales.
Un ciclista del Saunier Duval, el cántabro Ángel González, 'Litu', terminó la prueba en el grupo de cabeza, en el puesto diecisiete.
«Hemos andado por tramos de tierra, de pista con gravilla. Correr en ese terreno es un arte. Hay que coger los surcos de los todoterreno que pasan por esos lugares. No es la misma pedalada que en el pavés. Hay que tener cuidado al trazar las curvas. Si te sales de los surcos, te vas al suelo. Hay que coger la trazada buena. Es difícil».
Para complicar más las cosas, el viernes, antes de la prueba, «llovió mucho por lo que la tierra está blanda y se te hunden las ruedas. Los repechos son más duros que los de la carretera. Hay tramos con un 16% de porcentaje, una pared».
La estrechez de esos caminos «es otro problema. Sales en fila de a uno, patina la rueda de atrás».
'Litu' conoce la París-Roubaix y la Vuelta a Flandes: «No tiene nada que ver con la dureza de los pavés de Roubaix. El que anda bien en los pavés, anda en la Eroica. No hay más que ver quiénes han estado delante. A mí la que más me gusta de las tres es la Paris-Roubaix. Es la que peor pavés tiene. Es una carrera algo especial. En Flandes tienes los repechos».
De la Eroica dice que «no hay un tramo llano. Es todo para arriba y para abajo. No hay un lugar para recuperarse» nos explica 'Litu'.
Corrió con la bicicleta con la que participará en la Paris-Roubaix y la Vuelta a Flandes: «El cuadro lleva más porcentaje de carbono para soportar mejor los golpes. Llevamos otros frenos en la parte alta del manillar especiales».
Y luego está el terreno: «Rodar en gravilla es complicado, no te creas. Vas de las piedrillas a la tierra y te puedes ir al suelo con mucha facilidad». La bicicleta Scott no les ha dado problemas. Vio una caída de una moto que derrapó y también mucho público en las zonas más vistosas del recorrido.