T odos recordamos la cárcel de José Antonio Ortega Lara, el zulo en el que el funcionario de prisiones estuvo vilmente secuestrado durante más de 500 días. De la misma manera tampoco se nos puede olvidar el reciente ataque del terrorismo callejero que promueve ETA-Batasuna y que causó la muerte de Ambrosio Fernández, pacífico vecino, arrasatiarra, que tuvo que sucumbir a la acción de los violentos en sus indiscriminados ataques con odio y fuego. Ahora de nuevo, el crimen nacionalista de los terroristas se ceba con un demócrata, con Isaías Carrasco, en Mondragón, de nuevo protagonistas de la ignominia. Injusta o mala fama para esta laboriosa y activa localidad guipuzcoana del Alto Deba.
Las pujantes e innovadoras empresas del grupo MCC, la universidad moderna y puntera de Mondragón, la mentalidad emprendedora y social de este municipio, su historia ligada íntimamente a la doctrina social de la iglesia, arraigada en ejemplos que todos recordamos, se hunden hoy de nuevo en el macabro y cruel protagonismo de los que quieren que se visualice una Euskadi empobrecida y torturada y en donde la gente, los vascos, vivamos en el miedo y en la incertidumbre que provoca la angustia y la inmoralidad.
Ayer a la tarde estuvimos muchas horas en Mondragón. Primero en el hospital cerca de sus familiares, compañeros y amigos, trasladándoles nuestro afecto y solidaridad, luego andando por sus calles y comprobando la tristeza en las caras de sus vecinos y también aguardando en el Ayuntamiento los pronunciamientos de sus órganos de gobierno, increíblemente presididos por la marca legal de ETA, ANV patéticamente escoltada por Ezker Batua. También hemos podido volver a encontrar la satisfacción y el ejemplo en el empuje de personas que como Iciar Lamarain, concejala del Partido Popular en ese Ayuntamiento, y ex compañera de Isaías, trabajan denodadamente por avanzar a pesar de las amenazas y las dificultades hacia la libertad y por la derrota de ETA.
También hubo un momento muy triste, alguien nos insultó, nos llamó fascistas y asesinos, nos dijo que por qué criticábamos la negociación con ETA. Eran los nervios y además fue inmediatamente silenciado por sus propios compañeros.
Hemos sufrido mucho y muchas veces por lo mismo y entendemos que la rabia y la impotencia empaña a veces la serenidad y la racionalidad. No pasa nada, estamos unidos por el dolor una vez más y debemos de volver a estar unidos en la derrota de ETA.
Esa es la única salida, la derrota de los terroristas, no hay que parar, algunos no lo haremos nunca hasta que el último terrorista esté entre rejas, hay que aplicar todos los instrumentos del Estado de Derecho para machacar a ese mundo totalitario y nazi.
Y ETA debe saber una cosa, que pierda toda esperanza, vamos a acabar con ella y vamos a derrotarla sin ceder, sin dialogar, sin negociar y sin dar un paso atrás.