HONDARRIBIA. DV. En sus veinte años como práctico en el puerto de Pasajes ha dado salida y entrada a infinidad de cargueros de las características del Maro. «En mi etapa de práctico sólo he vivido un accidente grave». Eduardo Basterretxea, que ayer se acercó a ver desde una de las laderas de Jaizkibel la operación de rescate del barco, reconoce que nunca había vivido un suceso en este entorno junto a Marla Txiki, donde encalló el mercante.
Durante el tiempo que estuvo en Pasajes «apenas he conocido accidentes -asevera- y ninguno de ellos se produjo a este lado de Jaizkibel». El más parecido fue hace unos dos años en Pasajes. Un barco se quedó durante unas dos horas varado bajo el castillo, «pero con la llegada de la marea se solucionó».
El suceso más grave que ha vivido en primera persona le costó la vida a un marinero y tuvo lugar justo en la bocana del puerto pasaitarra. «Todo ocurrió porque el capitán de un mercante no siguió las recomendaciones que le dimos de que no saliera del puerto, ya que había mar de fondo. No nos hizo caso. El barco era parecido. Nada más salir de la bocana dos grandes olas provocaron que se paralizara el motor. Bastaba que en ese momento hubiera una persona en la sala de máquinas para volver a poner en marcha el barco, pero el caso es que no había nadie».
El carguero pasó a quedar a merced de las olas. En aquella oportunidad en lugar de contar en primera instancia con la colaboración del helicóptero de Salvamento Marítimo para rescatar a los marineros, como ocurrió ayer, «fueron los propios vecinos de San Juan quienes ayudaron a los ocho hombres de la tripulación a volver a tierra a través de andariveles (tiralíneas)», comenta Basterretxea.
El desenlace fatal se produjo con los dos últimos marineros que se quedaron en popa. Ambos optaron bajo su cuenta y riesgo por arrojarse por la borda, en lugar de aguardar la ayuda de tierra. «Uno de ellos tuvo suerte, ya que fue arrastrado por la ola hasta la orilla. El segundo, por unos pocos metros, en lugar de caer en la cresta de esta misma ola se hundió y se estrelló contra las rocas», explica.
Respecto al origen del problema que sufrió el Maro tiene su particular versión. «Tengo entendido que Pasajes perdió contacto con el barco durante un tiempo indeterminado. Tenía previsto su entrada a las dos de la mañana y no fue hasta mucho más tarde cuando el armador llamó para decir que había encallado. La única explicación que encuentro para esto es que tuvo una 'caída de planta', es decir, que el barco se quedó sin corriente eléctrica y supongo que el viento acabó por arrastrarle hasta la orilla» hasta quedar encajado entre dos vías de piedra o lachas.
Al parecer, no es frecuente que ocurra un percance de este tipo, ya que en la actualidad los barcos están equipados con sistemas automáticos y generadores de emergencia para solventar este tipo de incidentes.
La ruta entre Bayona y Pasajes se suele realizar a unas dos millas de tierra. Una de las posibilidades que se barajan para que finalmente quedara encallado es que «la misma arrancada del barco provocara que se fuera contra las rocas, ya que desde esa distancia de la costa no dispones de margen suficiente para corregir el rumbo», plantea.
Felizmente, en este caso y gracias al estado de la mar en ningún momento se temió por la vida de la tripulación integrada por los siete marineros y el capitán, el único que permaneció en el barco durante el tiempo que se prolongaron las labores de rescate e intento de reflote de la embarcación.
Situación preocupante
El hecho de que resultara fallida la primera tentativa realizada para reflotar el barco durante la pleamar de la tarde con el aliciente de contar con el mar en calma supone, a juicio de Basterretxea, que la situación pasa a ser «preocupante» en función de «los problemas de contaminación que se pueden originar».
Considera que en estos momentos pasa a ser prioritaria la labor de vaciado de las 54 toneladas de gasoil y 2,6 de aceite, ya que augura que en un par de días y en virtud del pronóstico de temporal anunciado para el domingo «el barco puede quedar destrozado por el oleaje».
El que fuera práctico de Pasajes confiaba en que la problemática se resolviera felizmente, después de comprobar las primeras maniobras. «He podido ver que la proa libraba bien y que quedaba tan sólo por reflotar la popa, que estaba más metida. Supongo que las autoridades competentes están tomando las medidas oportunas. Por eso, creo que volverán a aprovechar las mareas que tengan mientras dure el buen tiempo para rescatar el barco». El tiempo corre en contra, ya que eso implica que el casco y la estructura se resientan hasta el punto de poder provocar alguna vía de agua por estar en contacto directo con tierra firme.