La periodista Miren Gutiérrez (San Sebastián, 1966), editora jefe de la agencia internacional de noticias Inter Press Service, ofrecerá mañana en el Aula de Cultura DV una conferencia en torno La red del dinero sucio, tema que ya protagonizaba también su novela La ciudad de las cigarras. Y aunque los paraísos fiscales acaparan la atención mediática en estos asuntos, lo cierto es que son algunos bancos de Londres, Nueva York o Zurich los que realizan los mayores lavados de dinero procedente del tráfico de armas, de drogas y de otras actividades ilegales.
- Este tema, ¿da más para un libro-reportaje o para una novela?
- En la conferencia, hablaré de tres casos de investigación de la petrolera Mobile y de sus actividades en Panamá, Kazajastán y Estados Unidos. Todo esto es el trasfondo de otra novela.
- Todas estas redes, ¿no habían desaparecido con el libro tráfico de capitales y mercancías?
- Qué va. Para nada. En 2008, se calcula que se lavarán entre un millón de millones y 1,5 millón de millones de dólares. La mayor parte de este dinero se va a lavar en países ricos.
- La sensación general es que estas redes campan a sus anchas.
- Bueno, hay muchísima presión por parte de países como EE UU desde los atentados del 11-S de 2001. Washington ha puesto muchísimo énfasis en todas las jurisdicciones off shore para que refuercen sus regulaciones porque tener las leyes es una cosa y aplicarlas, otra. El problema es que puedes apretar las tuercas a todos los paraísos fiscales, pero donde más se lava es en Londres, Nueva York, Zurich o Liechtestein y los que más lavan son instituciones bancarias enormes que están en esos países.
- ¿Es un servicio habitual de determinados bancos?
- Sí, es toda una industria que se llama protección de activos. Estuve hace años en un congreso sobre este tema y los operadores que asistían bromeaban llamándola «planificación familiar». ¿Dónde escondo el dinero para que herede quién yo quiera o para que no lo herede una esposa o un esposo potencialmente divorciado? Esto sólo es parte del negocio porque la evasión fiscal nutre el blanqueo del dinero, que tiene que ver con actividades terroristas, del narcotráfico y operaciones ilegales.
- ¿Por ejemplo?
- Hay uno que me hace mucha gracia: el que relata la película La guerra de Charlie Wilson. La CIA financió con miles de millones de dólares las acciones de los mujaidines en Afganistán, que luchaban contra las tropas de la Unión Soviética. Se hizo gracias a que había instituciones financieras al servicio de la canalización de estos fondos a través de Pakistán.
- O sea, que hay organismos estatales que son clientes de estas redes.
- Un ejemplo: el Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI), que colapsó en 1991, pero cuyo caso aún colea en los tribunales, es el mayor fraude bancario de la historia. Se perdieron entre 9,5 y 15.000 millones de dólares. Este banco sirvió a la CIA para canalizar fondos destinados a todo tipo de actividades irregulares en el extranjero.
-¿Cree que es una batalla perdida?
- Debe haber más intercambio de información entre países. Ahí tenemos el asunto de Alemania con Liechtenstein. En 2001, Arnoldo Aleman, ex presidente de Nicaragua, robó mucho dinero y estos fondos fueron localizados en bancos de EE UU. Con los casos de Fujimori y Montesinos en Perú pasó algo parecido.
- ¿Salen baratas estas prácticas?
- Lo típico es que haya un chivo expiatorio. Los bancos están obligados a seguir unas reglas, por ejemplo, conoce a tu cliente. Sin embargo, tenemos el caso bastante reciente del Riksbank, en Washington, que lavó dinero para Augusto Pinochet y Teodoro Obiang, y tan sólo ha pagado una multa de 25 millones de dólares. Nada, en comparación con los cientos de millones de dólares que lavó para estos dictadores.
- ¿Y sería capaz de explicar el caso de la Société Générale de Francia de modo que se entienda?
- No es un caso de evasión fiscal, sino de falta de controles internos que, recurrente y lamentablemente, se da en los colapsos bancarios. Lo que ha pasado es que a un señor de treinta años, llamado Jerôme Kerviel y al que seguramente consideraban un genio, no lo supervisaron suficientemente. El tipo arriesgó hasta 50.000 millones de dólares en los mercados financieros y ha causado una quiebra de 5.000 millones. ¿Qué hay detrás? Una falta de control que se repite a lo largo de la historia. Comparaba este caso con el del Barings Bank, que en 1995 colapsó porque otro de sus empleados perdió 1.400 millones de dólares en el mercado de derivados de Singapur. La pérdida fue menor pero tumbó al banco más antiguo de Gran Bretaña. Luego, este banco fue comprado por el holandés ING por el precio simbólico de una libra.