BILBAO.DV. Blanca Ruiz de Olano no ha vuelto a sufrir ansiedad ni estrés desde que abandonó el centro de orientación pedagógica (COP) de Vitoria, un servicio del Departamento de Educación del Gobierno Vasco que hoy se conoce como Berritzegune y que presta apoyo a los centros escolares. Allí asegura haber padecido mobbing hasta que se produjo la resolución de su contrato en 2006. «Desde el año 2000 tuve siete bajas causadas por un 'síndrome de estrés postraumático de etiología laboral' -detalla-. Todas ellas han sido reconocidas judicialmente como accidente laboral, y una es firme por el Tribunal Supremo. Nunca se investigaron esos accidentes ni me hicieron ninguna evaluación de riesgos laborales físicos o psicosociales».
El caso de Ruiz de Olano fue visto la semana pasada por el Juzgado de lo Social número 2 de Vitoria, que debe dictar sentencia sobre la demanda en la que denuncia la vulneración de sus derechos fundamentales. Mientras tanto, ofrece ayuda a otras personas en su situación desde la Asociación Vasca contra el Acoso Laboral (AVAL), de la que es presidenta. También dirige la federación estatal.
-¿Qué le ocurrió en el centro de orientación pedagógica de Vitoria?
-Tenía una plaza fija de fisioterapeuta desde 1990, pero no me querían ver por allí. El punto de inflexión se produjo cuando presenté la demanda para reclamar que pertenecía a la plantilla. Se preguntaban qué pintaba una fisioterapeuta en Educación. Pero los centros escolares acabaron pidiendo ese servicio porque lo consideraron útil.
-¿Cómo eran sus condiciones laborales?
-Me obligaron a devolver las llaves. Para acceder al puesto de trabajo debía esperar a que llegaran otros compañeros. De la noche a la mañana, pasé de tener un despacho con mi nombre, como los demás, a acabar confinada en los peores sitios, soportando ruidos o poca luz. Me retiraban la mesa y la silla sin avisar. Encontraba los cajones vacíos. Acabé en un cubículo, sin herramientas de trabajo, ni fotocopiadora, con un fichero deteriorado. No podía usar el ordenador. No me respondían al saludo.
-¿Cambiaron sus funciones?
-Me expulsaron del órgano de máxima representación del COP. Al final sólo estaba en el centro los viernes. Los demás días tenía que prestar servicio en 17 centros escolares de Álava. Decían que llegaba tarde o que no iba, pero eran imputaciones falsas. Se puede comprobar porque en los centros existe un sistema de control nominal, a través del cual la dirección comunica las ausencias a la inspección del Departamento de Educación. No aparecí nunca; pero 'a posteriori' me acusaron de haber faltado, argumentando que no me habían visto físicamente.
«Procedimiento objetivo»
-¿No intentó defenderse?
-Reclamé un procedimiento objetivo para comprobar los horarios, un procedimiento como 'fichar', pero no lo aceptaron. He llegado a pedir a otras personas que me acompañaran para acreditar que acudía al trabajo. He pedido ese favor a transeúntes en la calle.
-¿No le apoyó ningún compañero?
-Fue una decepción. Me ayudaron pocos. Y todos tenían miedo.
-Al final buscó otros empleos.
-He trabajado como profesora de Enfermería en un instituto de Vizcaya y como enfermera para dos instituciones. No he vuelto a pasar por una baja. Y antes de trabajar en el Centro de Orientación Pedagógica tampoco había tenido ningún problema.
-Ahora apoya a otros trabajadores que se consideran acosados.
-En AVAL disponemos de letrados, graduados sociales y técnicos universitarios en prevención de riesgos. Y contamos con médicos, psicólogos y hasta pediatras, porque a veces la persona afectada tiene hijos que requieren atención.