Los padres de Marta afirman que se hallan inmersos en una pesadilla de la que nunca pueden despertar. «Ya no vivimos el mañana, sino el día a día. Si ha comido, dormido, ha pasado una jornada más o menos buena y regresa a casa con una sonrisa, pues ese día terminamos pasándolo bien. Si le ha sucedido algo y está triste, todos lo estamos. Si le apetece salir, nos preparamos para acompañarle porque sola no puede hacerlo. Y si no le apetece, nos quedamos en casa y hacemos algo».
En las últimas semanas, la situación ha mejorado algo. El martes pasado regresó del colegio con una sonrisa. «Ese día fue fiesta en casa. La niña relató que las profesoras estaban de amables...»
La familia ha percibido últimamente el apoyo de algunos padres, entre ellos los de una niña que hasta bien poco también se mofaba de Marta. «La niña habló con mi hija y le reconoció que lo había hecho por miedo para que no se lo hicieran a ella. Los padres reconocieron que en el colegio les habían dicho que su hija era una de las acosadoras. Ellos lo ignoraban. Nos mostraron su apoyo».
Este encuentro animó a los progenitores de Marta a plantear en el colegio la conveniencia de mantener una reunión con participación sólo de padres. «Aún no hemos recibido respuesta alguna. Nosotros nos hemos ofrecido, sin rencores de ninguna clase, a buscar una solución al problema».
Marta habla en casa de Jokin, el joven de Hondarribia que se suicidó tras ser víctima también de acoso escolar. «Nos dice: le tenéis que entender. Hay veces que te quedas sin fuerza y no ves otra salida. Vosotros me apoyáis, y hay gente que me quiere, pero Jokin ha descansado. Yo también necesito descansar.' Otras veces dice que con ella no lo van a conseguir. Tiene un carácter fuerte», relata su madre con emoción.