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ESPECTÁCULO TELEVISIVO
01.03.08 -

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ESPECTÁCULO TELEVISIVO
Campo Vidal, 'moderador' del 'cara a cara' del lunes pasado entre Rajoy y Zapatero no pudo definirlo mejor, según leí en DV el miércoles, al afirmar que «se demuestra que este modelo de debate permite un gran espectáculo televisivo». Porque eso fue: un espectáculo televisivo que, como tal, ha sido, básicamente analizado.
Los que seguimos la actualidad política no descubrimos nada nuevo en las propuestas de Rajoy y Zapatero. Algunos analistas ya han dicho que todo lo que se dijeron en ya se había dicho en el Parlamento. Sin embargo, 13 millones de personas vieron el debate, auténtica cifra récord según parece. ¿Quiere esto decir que a los ciudadanos les importa más la política de lo que a veces se da a entender? Ciertamente, los ciudadanos están más interesados por la política de lo que la lectura de determinadas encuestas (cuáles son las prioridades o las preocupaciones de la gente, por ejemplo) da a entender.
Pero no nos engañemos, la mayoría de los que vieron el debate el lunes pasado fueron a ver un espectáculo, largamente publicitado. Quién, de Rayoy y Zapatero, quedaba mejor, quién estaba más nervioso, quién ponía en aprietos al otro, quién tendría las mejores réplicas, quién ganaba en suma el debate -pugilato. De hecho, quince minutos después ya teníamos, en un canal de televisión, un primer sondeo que decía (obviamente) que había ganado el candidato más próximo a ese canal.
En mi opinión el debate fue muy malo. Eran dos estudiantes, opositores a la Presidencia de Gobierno, que se habían empollado la lección el fin de semana anterior y lo repetían, sin importarle un comino lo que dijera el otro. «Qué hora es?. Manzanas traigo». Incluso leyendo descaradamente. Como ya sabían de antemano las cinco preguntas estudiaron los cinco fajos de respuestas que les habían preparado sus asesores (con datos ciertos, pero apañados a sus intereses) y lo repetían rivalizando en el arte de decirlo.
Estos debates son buenos si son debates. Hace falta un moderador que modere, que no permita que se vayan por los cerros de Úbeda cuando el otro le interpela, capaz de forzar una matización, de sintetizar puntos de vista... Hace falta que no todo se reduzca a debates de sólamente dos propuestas. Además debate entre personas, no sólamente repetición de ideas ya resabidas. La gente quiere saber con quien se juega los cuartos.
Pero hubo algo que salvó el debate. Ganó por goleada a las sinsorgadas que escuché de algunos tertulianos en dos canales de televisión tras el debate. Muchos comentaristas son más papistas que su papa. Seguro que ustedes ya están poniendo nombres y apellidos. Sí, ¡qué difícil es encontrar analistas capaces de cuestionar, públicamente, los planteamientos de los partidos políticos a los que son afines!
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