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CONSERVADORES Y LIBERALES
26.02.08 -

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Los estudiosos de la ciencia política y los psicólogos han descrito diferencias en las cualidades mentales y emocionales de las personas conservadoras y liberales. Según estos estudios los conservadores son personas convencionales, estructuradas y persistentes en sus juicios, con una mayor necesidad de orden, constreñidas en su conducta y amantes de la moral y el poder. Por el contrario, las personas liberales tienen un mayor espectro de intereses, mayor tendencia al cambio, inconformismo y conviven mejor con la incertidumbre. En ambos grupos, hay diferencias entre hombres y mujeres.
¿Nacemos o nos hacemos conservadores o liberales? Una de las características de la personalidad que más se transmite de padres a hijos es la tendencia política (y las creencias religiosas). La mayoría apostaríamos que esto es una consecuencia de la educación durante los primeros años de vida que marca al futuro adulto. Sin embargo, estudios realizados en Australia y EEUU con gemelos indican que la genética juega un papel más importante en las actitudes políticas y las ideologías que el medio sociocultural y educativo. Curiosamente la influencia es mucho menor en la elección del partido político. En otras palabras, el hijo de un conservador tiene muchas posibilidades de ser conservador aunque no vote al mismo partido que su progenitor. Otro estudio en el que siguieron la evolución de cientos de niños durante 20 años mostró que los rasgos de personalidad de conservadores y liberales eran ya muy diferenciados en la guardería, antes de que la influencia ambiental pudiera ser decisiva. A primera vista, estos datos hacen pensar en que la ideología política está determinada desde el nacimiento y que es inmutable a las influencias culturales que recibimos con el paso del tiempo. Esta idea se carga de un plumazo el viejo refrán de «quien a los 18 no es revolucionario, no tiene corazón y quien a los 40 no es conservador, no tiene cerebro». Esta es una experiencia muy común que denota la evolución personal. Esta contradicción puede deberse a que los estudios no analizan otros factores importantes. Las cosas no son blancas o negras. Hay grados de conservadurismo y liberalismo que confluyen en el famoso centro por el que suspiran los políticos. Tampoco valoran la evolución de la sociedad y la personal, más relacionadas con aspectos ambientales que hereditarios.
Como cualquier actividad mental, la tendencia política es un producto de la actividad cerebral. Por lo tanto, debería existir alguna relación con la actividad en algunas áreas cerebrales. Esta relación existe y además hay claras diferencias. Cuando una persona conservadora se enfrenta a imágenes del derrumbe de las Torres Gemelas, se activan áreas cerebrales muy diferentes a las activadas en el cerebro de una persona liberal. También se ha comprobado que el carácter liberal se asocia a una mayor actividad en una región frontal llamada área cingulada anterior que tiene que ver con circuitos que regulan la adaptación a situaciones de ambigüedad. El cerebro de conservadores y liberales utiliza, pues, estrategias distintas para resolver el mismo problema. Tarea para pensar: ¿Qué es lo primero?
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