San Sebastián. DV. La cigüeña llega cada vez más tarde. El retraso de la maternidad es un hecho que se viene constatando desde hace años, y Gipuzkoa no es ajena a esta realidad que lleva a las mujeres a demorar la decisión de ser madre. Hoy en día ya no son mayoría las guipuzcoanas que dan a luz siendo veinteañeras, edad en la que hace varias décadas era muy común estrenarse con los pañales y el biberón. Los datos del Instituto Vasco de Estadística, Eustat, corroboran la tendencia a esperar hasta la treintena para ser madre. Así, la franja entre los 30 y los 34 años acumula la mayoría de los nacimientos, seguida por la de 35 o más años. Lejos quedan las mujeres que dan a luz entre los 20 y 24 años, y cada vez son más los alumbramientos de madres que rebasan los 40 años. En Gipuzkoa, casi se han triplicado en una década.
«Mi abuela fue abuela con 45 años. Se casó con 18 y en las fotografías de la época aparece vestida como una señora. Hoy en día, con 40 años las mujeres siguen manteniendo muchos patrones juveniles. La percepción social cambia y la sociedad también va cambiando y adaptándose», explica María Teresa Laespada, socióloga y profesora de la Universidad de Deusto. La realidad familiar de la investigadora es compartida por muchas mujeres vascas que se estrenan en las lides de ser madre o tienen hijos pequeños a una edad en la que sus abuelas les veían nacer a ellas.
Los datos hablan de un aumento constante de mujeres que dan a luz cumplidos los 40. En 1996, un total de 128 guipuzcoanas que tenían más de 40 años dieron a luz. En 2005, el año más reciente con datos del Eustat, esta cifra se incrementó hasta los 313. Un tercio de estas mujeres eran primerizas. Así, hace tres años nacieron 102 bebés sin hermanos y con una madre de más de 40 años. De ellos, siete tenían una progenitora que superaba la barrera de los 46 años: cuatro eran primerizos, dos segundos hermanos y uno era el tercero de la saga. En 1996, ninguna guipuzcoana de esa franja de edad dio a luz.
María Teresa Laespada califica de «ni positivas, ni negativas» las secuelas sociales de retrasar la maternidad. «La sociedad se adapta, así lo ha hecho históricamente -dice la socióloga-. En el siglo XV los hombres y las mujeres vivían hasta los 35 y 40 años, y evidentemente los hijos los tenía con 15 o 18 años. En este momento la esperanza de vida se sitúa a los 89 y 83 años, y se prevé que en unos años todavía crezca un poco más. Eso quiere decir que tenemos muchos años por adelante para vivir».
Laespada recuerda que hace 30 años la adolescencia se acababa con 18 años y la etapa juvenil duraba hasta los 23-24 años, edad en la que muchos empezaban a trabajar, se casaban y comenzaban a formar una familia. «Pero es que hace 40 años, con 13-14 años muchos estaban ya trabajando en la fábrica, con lo cual la vida adulta la empezaban a hacer mucho antes. Ahora tenemos una etapa juvenil mucho más dependiente, que se alarga mientras se cursan unos estudios universitarios, que luego se completan con másters y una especialización antes de independizarse».
La socióloga reitera que la etapa juvenil se alarga, «luego no podemos estar jubilados con 65 años, ser improductivos y ser considerados personas de la tercera edad cuando se vive en perfectas condiciones».
Laespada viene a decir que, por lo general, vivimos más años y en mejores condiciones, por lo que distribuimos las funciones biológicas, aunque hay unos límites. «A los 50 años, por ejemplo, las mujeres deberían estar cerrando etapas de su vida y no abriendo una nueva como la maternidad. Además, desde el punto de vista médico supongo que entrañará riesgos».
Maternidad tardía
Efectivamente, biológicamente las mujeres no están preparadas para una maternidad tan tardía, aunque las nuevas técnicas de reproducción lo posibiliten. Hasta el punto de que periódicamente son noticia mujeres sexagenarias que son madres. Para Alfredo Otalora, ginecólogo del Consultorio Ginecológico de Policlínica Gipuzkoa, es una «barbaridad» tener hijos con 60 años. Supone, a su juicio, «una mala praxis médica» y «es una falta de responsabilidad desde el punto de vista social, porque ese joven adolescente va a tener una abuela».
Otalora ha constatado un aumento en la edad de las parturientas a las que atiende. «Cada vez son mayores, tienen menos hijos y son más las parejas que tienen que recurrir a la Unidad de Reproducción Asistida». En Policlínica, por ejemplo, han establecido como «tope» un límite de 50 años para realizar inseminaciones con óvulos donados por jóvenes.
Pero éstas son las excepciones. Lo normal es encontrar a mujeres que se acercan a los 40, una edad en la perfectamente se puede ser madre, aunque los partos pueden presentar algunas complicaciones (como una dilatación inadecuada) y no es tan fácil quedarse embarazada. Otalora explica que, a partir de los 35 años, «disminuye, poco a poco, la capacidad de fertilización. Además, a partir de esa edad aumentan el porcentaje de alteraciones cromosómicas (como síndrome de Down...)».
Aunque cada vez más bebés recién nacidos tienen madres que superan los 35 años -se estima que es uno de cada tres niños en el País Vasco-, el mayor número de partos tiene como protagonista a mujeres entre los 30 y 35 años. Las mayoría de las guipuzcoanas suele tener su primer hijo a los 31 años. En 2005, nacieron en Gipuzkoa 437 bebés con una madre primeriza de 31 años. A continuación, se sitúan los 32 (433 bebés) y 33 (348) años para tener el primer hijo.
Esas edades acumulan también el mayor número de nacimientos (bien de primeros hijos, segundos o más). Según los últimos datos definitivos del Eustat, 560 de los 6.801 bebés nacidos en 2005 en Gipuzkoa tenían una madre de 30 años. 655 niños tenían una madre de 31; 683 de 32; 647 de 33; 613 de 34 y 551 de 35. Unos datos muy alejados de las parturientas más jóvenes. Sólo 87 bebés nacidos hace dos años tenían una madre de 25 años; 136 de 26 años, 199 de 27, 308 de 28 y 434 de 29 años.