Un viaje construye una experiencia, una historia personal. Se hace viaje también al relatarlo a los demás. Y el catálogo de ofertas para emociones intransferibles circula por nuevos canales, ya no sólo el de las agencias de viajes. Internet y sus plataformas (Google, You Tube, los blogs...) proporcionan una abrumadora capacidad de intercambio de información en la que conviven los ganchos publicitarios del sector con los testimonios particulares, que son una suerte de boca a boca que se replica como un eco infinito por el ciberespacio.
Sobre este cambio en los patrones del comportamiento del turista habló ayer Daniel R. Fessenmaier, catedrático de Turismo y Gestión Hotelera de la Universidad de Temple (Pennsylvania, EE UU), que abogó por considerar el turismo como «una industria de historias... Y la riqueza de las experiencias crea dinero».
A la pregunta de cuándo comienza realmente un viaje, respondió que «no cuando llegamos a un sitio, sino antes y después, a veces muchos años después: se inicia con las ideas previas y búsqueda de información y termina contando las experiencias y con los recuerdos». En la gestación de un viaje se recurre cada vez más a internet «bien a través de los ordenadores o de los móviles para programar los viajes; durante los viajes en sí y para compartir las experiencias (fotos, foros, blog..) después de los viajes».
Una de las tendencias más llamativas para Fesenmaier es «la necesidad de compartir experiencias, sensaciones, emociones, información, etcétera a través de la web, lo que ha facilitado la generación de página y tecnologías (como Web 2.0, wikis, redes sociales) que facilitan este fenómeno social».