PARÍS. DV. ETA ha trasladado a la provincia francesa de Las Landas, bien comunicada por autopista con España y limítrofe del País Vasco francés, las citas para el cobro del llamado 'impuesto revolucionario'. Un tribunal especial de París abre mañana el primer proceso de la justicia gala contra las tramas de extorsión etarra tras décadas de cobros impunes en el suroeste del país. En el banquillo de los acusados se sentarán tres presuntos recaudadores detenidos a comienzos de 2003 en la ciudad landesa de Dax con 72.000 euros recién entregados por un empresario vasco.
El caso de Richard -nombre cambiado del involuntario coprotagonista de la primicia judicial-, es sintómatico del repliegue del chantaje a zonas más alejadas de la frontera. Este industrial del sector naval recibió en septiembre de 1978 una carta en la que ETA le exigía diez millones de pesetas que debía entregar a una persona de los ambientes abertzales en San Juan de Luz. Como no hizo caso, el 24 de octubre de 1986 estalló un maletín-bomba colocado por error en una casa contigua a la suya, en Getxo, que le causó la amputación de la pierna izquierda a un vecino.
En diciembre de 2000, el cartero de ETA volvió a llamar a la puerta de Richard, esta vez con una 'dolorosa' de 24 millones. En marzo de 2002, un recordatorio amenazador ya había operado el cambio de divisas a 144.000 euros. En septiembre de ese año recibió una cita acompañada con un mapa de carreteras. Era el 16 de noviembre, a las dos de la tarde, junto al frontón de Saint Etienne d'Orthe (Las Landas). Según la acusación, el empresario llevó la mitad de los 144.000 euros que había sacado en mayo de su banco. La deuda fue saldada el 10 de enero de 2003 con un segundo pago en el mismo lugar.
A la una de la tarde de aquel día, la Policía francesa detuvo en Dax, a una veintena de kilómetros de distancia, a Ane Miren Alberdi, Carlos Sáez de Egilaz y Kristina Goirizelaia. Viajaban armados con pistolas en un coche robado en el que se encontró un maletín. Dentro, en el interior de un sobre, había 144 billetes de 500 euros. Una suma de 72.000 euros, la mitad de 144.000.
Detención de 'Susper'
En clave interna, al aparato de extorsión se le llama GEZI. Son las siglas de 'Gora Euskal Zerga Iraultzaila', que significa: 'Viva el Impuesto Revolucionario Vasco'. El 4 de diciembre de 2003, Ibon Fernández Iradi, Susper, fue detenido por segunda vez en Las Landas, tras su espectacular evasión un año antes de la comisaría de Bayona. Entre los documentos que llevaba encima, había un informe de GEZI en el que se tildaba a Richard de traidor y se le culpaba de la caída por haber informado a la Policía española. Además, se comunicaba a la jefatura militar sus datos privados, familiares y empresariales, por si se tomaban represalias contra él.
Este tipo de informaciones son compiladas en un fichero titulado Egurra (Leña), que reúne a todos los extorsionados que han pasado a ser objetivo potencial de acciones armadas por ser considerados delatores o morosos.
En la casa de Tarbes en la que vivía Susper cuando su primer arresto había un archivo, con los datos de otros quince empresarios, titulado 'Express', un sistema recaudatorio consistente en secuestrar a la víctima durante unas horas y obligarle a firmar un pagaré bajo amenazas.
Alusiones amenazantes al empresario vasco protagonista de esta historia aparecieron, asimismo, en un cuaderno intervenido a otro supuesto cobrador de GEZI Aitor Kortazar, detenido en 2003 cerca de Burdeos. Las anotaciones de Kortazar desvelaron que en aquellas fechas ETA ultima otro secuestro 'express'. El objetivo era el director general de una clínica de Pamplona. Un empleado observó días antes a un joven que fotografiaba el coche del director.
La sentencia de ETA en el juicio paralelo por el 'caso Richard' se halló en la casona rural de Salies-de-Béarn desde la que Soledad Iparragirre, Anboto, se ocupaba de la tesorería general. Meses después de su arresto en octubre de 2004, junto a Mikel Albisu, Antza, se descubrió en un barrote de la barandilla de la escalera un lápiz de memoria USB. El dispositivo informático almacenaba un informe elaborado por GEZI en el que se trataba al industrial naviero de «delator».
El autor explicaba que el empresario no se encontraba en el lugar convenido para la segunda cita y que los camaradas habían observado coches raros en los alrededores, que volvieron a ver tras su arresto en la comisaría. «Esperamos que un día reciba su merecido», sentenciaba. El empresario extorsionado será el gran ausente en el juicio de París, a partir de mañana.