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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 21 octubre 2014

Sociedad

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El 70% de los niños hiperactivos toma fármacos para mejorar su concentración
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SAN SEBASTIÁN.DV. El 70% de los niños hiperactivos toma fármacos para mejorar su concentración. Se trata de medicamentos estimulantes derivados de la anfetamina, como los compuestos Concerta, Rubifen o Medikinet, este último de reciente aparición. A ellos se suma el antidepresivo Strattera. Todos ellos se usan para tratar el Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH). Algunos pediatras se muestran en contra del incremento de uso de estos fármacos. «No le eduques, dale la pastilla», esgrimen los más críticos. Desde la Asociación de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad de Gipuzkoa, Adahigi, se defiende el consumo de estos medicamentos siempre que estén prescritos por un neurólogo o un psiquiatra infantil. Y defienden reforzar el tratamiento farmacológico con apoyo psicopedagógico.
«Los padres se lo piensan mucho antes de empezar a dar a su hijo la pastilla», explica la psicopedagoga Maite Urkizu, coordinadora de profesionales en Adahigi. «Es el especialista el que receta la medicación y quien aclara todas sus dudas, aunque desde la asociación tratamos de echarles una mano».
Entre el 3 y el 7% de la población infanto-juvenil sufre TDAH, según los datos de la asociación, pero sólo están diagnosticados el 1 ó 2% de los niños. «Calculamos que uno de cada 25 niños sufre el trastorno, pero no todos están diagnosticados». Esta valoración no es compartida por pediatras como Helena Zubillaga, quien en su consulta del ambulatorio de Lazkao ve a niños que «no deberían estar tomando esta medicación», asegura. «Las cosas se están serenando y el boom del uso del Concerta o Rubifen ha bajado en los dos últimos años, como ha ocurrido en los países nórdicos, de donde nos llega esta influencia». A juicio de Zubillaga, en muchos casos el exceso de actividad o la falta de atención es un síntoma de otros problemas y no un trastorno neurofisiológico. «Cuando un niño está triste, enfadado o deprimido su atención desciende, como nos pasa a los adultos. En los niños, la depresión genera hiperactividad».
La medicación deja a los niños más parados y tranquilos, pero a su juicio, «no está nada claro que mejore su rendimiento escolar». Zubillaga defiende que un niño puede estar deprimido o angustiado y considera «poco honesto no profundizar en qué le está pasando». Se sorprende que algunos de los niños que atiende en su consulta y a los que conoce desde su nacimiento, «salgan diagnosticados y etiquetados en base a un test, cuyos resultados pueden variar según el momento que atraviese el menor». Asegura Zubillaga que en su ámbito de trabajo no ha encontrado nunca «una hiperactividad severa que deba ser tratada con medicación como cualquier otra enfermedad mental».
Desde Adahigi se aclara que el trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad se encuentra dentro del grupo de enfermedades mentales. «La calificación asusta y el problema no tiene que ver con otras enfermedades mentales, pero se trata de un trastorno neurobiológico, diagnosticado por un médico», explica Urkizu. Para que esta disfunción sea diagnosticada se necesita de la concurrencia de al menos seis síntomas. Un niño con déficit de atención no fija su entendimiento, sufre muchos despistes y altibajos para recuperar información, se olvida de las cosas y el adulto debe repetir mil veces lo mismo para que capte el mensaje. Otro con hiperactividad o impulsividad es incapaz de estar quieto, no piensa cómo va a actuar, interrumpe las conversaciones, no respeta turnos, se olvida cosas o no aborda las tareas. Un catálogo de fallos que puede enervar a cualquier padre o profesor.
Retraso escolar
No basta con ser un niño movido para llegar a la consulta de un médico o a la asociación, asegura Urkizu. «Vienen con situaciones de crisis importantes. Porque ha empezado el retraso académico, porque molesta un montón en clase y el profesor está desquiciado, porque en casa por muchas normas que se ponen y con una educación adecuada las cosas no funcionan. Son necesidades reales. Hay quien dice: 'Todos los niños son movidos'. Pero a un niño movido le dices que esté quieto y se para. Un niño hiperactivo es incapaz de hacerlo».
Un dato que se tiene en cuenta para el diagnóstico es que el niño presente los problemas desde pequeño y en todas las situaciones, precisa la pedagoga Gurutze Aguirre, que trabaja, desde la asociación, con grupos de adolescentes y de padres en Arrasate, Zumaia y Donostia. «Son niños que tienen muchos problemas añadidos. Tienen baja autoestima, porque se les machaca mucho. Sufren rechazo por parte de sus iguales, porque molestan y no tienen tolerancia a la frustración». El historial de falta de aciertos crece con el paso del tiempo. «Como personas débiles dentro del grupo, no son raros los casos de bullying o acoso escolar en niños que sufren el trastorno».
El ritmo y el estrés de vida, ¿influye en el aumento de los casos diagnosticados? «Vivimos en una sociedad que nos pide ser el primero y eso está afectando a la población infantil», explica Juan José Aguirre, presidente de Adahigi. «Si a estos niños no les das unas pautas correctas de funcionamiento y les ayudas a introducirse en la dinámica social, los síntomas se agravan. No es que aparezcan o desaparezcan por la presión social».
Son niños que necesitan normas sencillas y claras y mejoran con la rutina. Desde la asociación se aportan pautas a las familias para que los niños aprendan a ajustar sus comportamientos. La pastilla, sin el seguimiento psicopedagógico, no hace milagros, dicen. «Hay un porcentaje de niños que no mejoran con la medicación y otro, que lo hace de forma muy lenta. Se trata de probar».
Alerta escolar
La comprensión del problema en los colegios ha mejorado, aunque queda mucho por hacer. La asociación realiza campañas para que los profesores empiezan a identificar los síntomas y se pongan en contacto con ellos. Algo que en clases con 25 niños no siempre resulta fácil. «Como en muchas otras problemáticas, la cuestión mejora con más recursos».
¿El tiempo ayuda, para que la maduración de estos niños avance? «La organización mental de un niño con TDAH va de una forma mucho más lenta», asegura Urkizu. «Los aprendizajes les cuestan más. Y no les llega la información al mismo tiempo que al resto. Van por detrás».
De Estados Unidos llegan estudios sobre adultos con TDAH, que no fueron diagnosticados de niños. «No sacar el graduado escolar es un fracaso, igual que no tener amigos a los 18 años, un embarazo no deseado, accidentes de motos o accidentes caseros. Al ser personas impulsivas que no piensan en las consecuencias de sus actos, estos problemas llegan».
En 2006 había 93 familias guipuzcoanas socias de Adahigi. Hoy son ya 172. En la asociación se desarrollan programas psicopedagógicos, se trabaja con los centros escolares y se organizan actividades de ocio. «Tanto a los padres como a los niños les ayudamos a descargar la mochila, porque llegan aquí con una carga muy pesada».n
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