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Sociedad

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El corazón del pez cebra empieza a latir
19.01.08 -
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El corazón del pez cebra empieza a latir
Bayés, Semino, Querejeta, Ispizúa y Ruiz de de Azua, ayer en Donostia.
SAN SEBASTIÁN. DV. En la sede de Biobide, situada en el parque tecnológico de Miramón, viven decenas de miles de peces cebra. Estos animales tropicales, cuyo genoma tiene grandes similitudes con el del ser humano, son el corazón sobre el que se sustenta este centro biotecnológico. Ellos 'prueban' los componentes de los fármacos para que los quince científicos que allí trabajan valoren posibles efectos secundarios antes de que lleguen a las boticas. Hasta ahora les han estado mirando el corazón, y pronto les observarán los huesos y harán de 'conejillo de indias' en una investigación relacionada con el cáncer.
Hace justo 24 meses se publicó por primera vez una noticia relacionada con Biobide. Entonces, Cristina Garmendia, presidenta de Genetrix y flamante tambor de oro, y el científico Juan Carlos Ispizúa, una autoridad mundial en Biología del Desarrollo y medicina regenerativa, presentaban lo que en el tiempo récord de dos años se ha convertido en un centro mundial puntero de testado masivo de compuestos químicos y medicamentos en peces cebra. «En 2006 se inauguró esta compañía para tratar de acelerar el proceso de obtención de nuevos fármacos. Para mí es una satisfacción y un sueño hecho realidad comprobar que sólo 24 meses después se haya creado en Donostia una plataforma excepcional que está funcionando y dando los primeros resultados. No es normal ni en España ni en Europa que en tan poco tiempo se desarrolle tecnología de tal envergadura», aseguró ayer Ispizúa en San Sebastián, a donde viajó para presidir el primer Comité Científico de Cardiología de Biobide.
Precisamente, las aplicaciones cardiovasculares han sido la primera línea de investigación. La directora general del centro biotecnológico, Idoia Ruiz de Azua, explicó que este año lanzan al mercado un nuevo sistema de análisis automatizado que permite valorar los efectos secundarios que los compuestos químicos pueden provocar en el corazón. Recientemente, han puesto en marcha otra línea de investigación relacionada con los huesos y en breve arrancará otro estudio relacionado con el cáncer y la metástasis. En dos o tres años habrán finalizado y ya tendrán nuevos productos que ofrecer a las compañías farmacéuticas, sus principales clientes.
Porque de lo que se trata es de acortar tiempo y ahorrar costes. «Para obtener un fármaco se testan entre diez y quince mil compuestos, se invierten unos 800 millones de dólares y la investigación tarda entre 10 y 20 años. Nuestro servicio permite acelerar ese proceso», explicó Ruiz de Azua.
Ispizúa recordó que optaron por el modelo in vivo con peces cebra «porque muchas veces determinados fármacos pasan las pruebas in vitro y cuando se trasladan a un modelo vivo (ratas...) no son reproducibles. Y ahí se pierde mucho dinero y tiempo». Gracias a los sistemas «innovadores y pioneros» de Biobide, las farmacéuticas cuentan con herramientas con la que de forma mucho más rápida se pueden cribar cientos de miles de compuestos a la vez. «Y no se hace de forma manual, sino que es un proceso automatizado gracias a una tecnología única».
Carlos Semino, experto en Biología Celular, investigador del Massachusetts Institute of Technology y miembro del comité asesor de Biobide, confesó sentirse «impresionado» tras visitar las instalaciones de Biobide. Aunque oficialmente no han sido aún inauguradas, desde verano están en marcha al cien por cien. «Me ha llamado la atención el nivel de la tecnología», afirmó. De hecho, los laboratorios cuentan con los últimos avances en robótica y en el tratamiento de imagen.
Antoni Bayés Gine, especialista en cardiología del Hospital Santa Creu i Snat Pau de Barcelona, se mostró también «gratamente sorprendido» y explicó que en el ámbito cardiovascular las décadas de los 80 y 90 fueron muy exitosas en cuanto a descubrimientos de nuevos fármacos, una tendencia que se ha visto ralentizada en los últimos lustros «porque muchas moléculas con las que se investigaba eran perjudiciales para el corazón o beneficiaban al corazón pero atacaban a otros órganos. Algunos fármacos que estaban a punto de salir al mercado, han tenido que suspenderse en el estudio con humanos después de gastar miles de millones. Es muy necesario hacer testados en vivo, como las que se hacen aquí». Ramón Querejeta, cardiólogo del Hospital Donostia y miembro también del comité científico de Biobide, le dio la razón.
Ruiz de Azua agradeció el apoyo «decidido» de las instituciones (Gobierno Vasco y Diputación) y de empresas privadas (Genetrix y MCC) para impulsar esta iniciativa, que cuenta con una competidora en EE UU - «nosotros tenemos más capacidad de ensayo que ellos y es también mayor el nivel de información que obtenemos»- y que ya ha firmado los primeros contratos con las farmacéuticas.
A pesar de los excelentes resultados iniciales, Ispizúa subrayó la importancia de que las ayudas se mantengan. «Gracias a los que inicialmente apostaron por nosotros ya tenemos un embrión, pero la ayuda económica es fundamental para continuar y sostener este proyecto y que llegue a ser adulto».

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