Joasé Antonio Pagola ha colgado en internet un escrito en el que responde a la inquietud de muchos «que me preguntan cómo estoy, cómo lo estoy viviendo y qué esta sucediendo». Y lo primero que asevera es que «en el fondo, todo esto me está haciendo bien. Me purifica, me obliga a agarrarme a Jesús y me está llevando a identificarme un poco más con él». ¿Cómo lo vive? «Tratando de vivir todo este proceso desde dentro. Pocas veces había orado con tanta verdad ciertos salmos. En Jesús encuentro fuerza y paz. ¿Qué importa que me consideren hereje y arriano? Sólo Dios, ese Dios encarnado en Jesús, conoce lo que hay en mi corazón».
También señala que está «trabajando mucho» los sentimientos hacia quienes me condenan. «Conozco bien los sentimientos de Jesús. Por eso rezo por los que me rechazan. Lo hago con nombres y apellidos. Pienso de verdad que, en el fondo, no saben lo que están haciendo».
Y avanza que quizás el conflicto subyacente en la controversia emana «de la profunda crisis que estamos sufriendo todos, sin saber exactamente cómo caminar hacia un futuro más fiel al Evangelio». Porque el problema no es de «precisión teológica»: «Lo primero es despertar y potenciar nuestra conversión a Dios, siguiendo de cerca los pasos, las actitudes y el espíritu de ese querido Jesús en el que se ha encarnado y revelado».
No oculta que está «sufriendo», por él y por los que le rodean: «A algunos los veo desconcertados y apenados. Se me parte el alma. Pienso también en lo que pueden sufrir pronto el obispo de Tarazona y quienes me condenan, al menos si leen y escuchan lo que se está diciendo contra ellos».
Su sufrimiento, claro, también está provocado porque siente que «algunos sectores de la Iglesia quieren acallar mi voz y apagarla. Todo esto no me desalienta sino que me estimula. Jesús me está llevando a amar cada vez más a la Iglesia. Por eso, no me contento con una Iglesia cualquiera. La quiero ver cada día más fiel a Jesús, más llena de su Espíritu».
Ahora, busca el «tono evangélico adecuado» para responder a sus críticos, bien entendido que «lo importante para mí no es defender mi libro. Lo que busco es que no seamos los teólogos ni los obispos los que cerremos a la gente sencilla las puertas para encontrarse con Jesucristo, el único que puede salvar a nuestra Iglesia. Me esforzaré por mostrar mi verdad humana, cristiana y teológica con mi vida, más que con mis escritos», concluye.