RAMÓN REBOIRAS ESCRITOR Y DIRECTOR DE ACCIÓN CULTURAL DE FNAC
«Si alguien hace en literatura lo que Lynch en el cine le fusilan»
El escritor deplora la novela histórica y apuesta por una literatura más arriesgada
14.01.08 -

El escritor gallego y director de Acción Cultural de Fnac, Ramón Reboiras. [GUIDO MANUILO / EFE]
Autor de varias novelas y poemarios, Ramón Reboiras (San Xulian de Laiño, 1961) compagina -con cierta dificultad- su faceta de escritor con la de responsable de Acción Cultura de Fnac en España. Desde su atalaya de escritor y hombre del negocio, el autor de El día de los enamorados y El guardián de las ruinas observa un panorama pesimista en lo literario y difícil en lo comercial. No obstante, en medio del maremágnum de novela histórica, esóterica o mezcla de las dos, continúa apostando por el atrevimiento.
- ¿Cómo lo ve?
- Me parece bastante lamentable que la búsqueda del best-seller se haya convertido en la del Santo Grial, por decirlo de forma metafórica. Se está cuidando muchísimo en las librerías el top y se está descuidando el fondo. Estamos entrenando para los cien metros y descuidamos el maratón. Me gustaría que hubiera un best-seller en poesía, como Juan Gelman, magnífico poeta al que se le ha dado este año el Premio Cervantes o que se produjeran más descubrimientos reconfortantes, como fue el Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Cada vez son más escasos los libros de éxito en los que no concurrenel mercado editorial con todo su armamento pesado.
- Como escritor, ¿se siente tentado por las fórmulas de éxito?
- No. Siempre he repudiado la novela histórica. Creo en la literatura hecha con la existencia y la imaginación. Estoy más cerca de la poesía, aunque comprendo que este género vive un auge de masas en todas sus variantes, desde Julia Navarro hasta Dan Brown.
- ¿Están las librerías condenadas a buscar el best-seller de turno que salve el ejercicio?
- Diría que sí y quien sostenga lo contrario miente. Dan Brown, Ken Follett y mucho Harry Potter. Larga vida a la señora Rowling, cuya última entrega en castellano saldrá en febrero.
- ¿Por dónde van esos gustos del lector?
- Hay interés por la cultura japonesa y por libros sobre el cuerpo en todas sus dimensiones, así como sobre la alimentación. Las novelas sobre comida son un género en auge, pero seguimos ambientándonos en la Edad Media. Tengo la teoría de que todo esto comenzó con El nombre de la rosa, de Umberto Eco y nadie le ha llegado a la suela de los zapatos. También es verdad que luego ha escrito novelas bastantes flojas, pero el encanto que tuvo en su momento ese thriller culto, metafísico y aristotélico no se ha repetido.
- En la edición Regreso al reino de la fantasía hay una ilustración que al frotarla huele a chocolate.
- (Risas) Puede ser. Supongo que las ediciones eróticas estarán pensando en otros olores más excintantes. El mundo de la edición busca nuevas vías.
- En todo caso, El fenómeno de El niño con el pijama de rayas demuestra que el boca/oído sigue funcionando.
- Sí. En 2006 sucedió algo parecido con El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, que ha seguido funcionando bien durante el pasado año. Ahí tenemos también a Irene Nemirovsky, muerta hace sesenta años y cuyas obras se han recuperado ahora con éxito. Son casos muy saludables, pero que tampoco pasan de vender 10.000 o 15.000 ejemplares.
- ¿Y la reedición de Vida y destino, de Vassili Grossman?
- Otro éxito. Demuestra que todavía existe una resistencia cultural. Ocurre con ciertos libros que la gente culta recomienda leer. Es parecido al caso de Las benévolas.
- Ese éxito se veía venir.
- Está claro, pero los gustos de la gente son masivos. Me sorprende que dos personas tan mediáticas como el ganador y el finalista del Planeta -Juan José Millás y Boris Izaguirre- no les hagan sombra a Noah Gordon y Ken Follett.
- ¿Cree que los premios comienzan a flaquear?
- No. Este año está más disputada la primacía entre el finalista y el ganador en el caso del Planeta, con lo cual la suma de las dos puede ser superior a otros años. El Planeta goza de buena salud. El resto de los premios tienen igual de complicado vender un libro.
- Lo que no se agota es el interés por la II Guerra Mundial.
- Y por nuestra Guerra Civil. La guerra siempre suscita emociones, controversias y dolores. Ahora se están recordando estas dos contiendas a una generación que no las vivió. A mí me parecen caminos muy trillados pero vivimos en una época que no está para la experimentación. La época de las vanguardias fueron los años veinte y treinta con un rebrote en los sesenta. Ahora fusilan a cualquier autor que se ponga a hacer de David Lynch en literatura.
- ¿Tan importante es hacerse un hueco en la mesa de novedades?
- La rotación que tiene un libro en una gran superficie es de locos. Plantea incluso problemas de logística. El que quiera tener fondo de libros es un romántico porque necesita un almacén como el Pentágono. La industria de la distribución puntua una logística pin-pan-pun: lo que entra tiene que salir. Las gentes de la cultura estamos perplejos.
- ¿Cuánto dura un libro entre las novedades?
- Un mes como mucho y en la librería, bien colocadito, tres meses con buena salud.
- ¿Y qué tal va internet?
- Es una apuesta de futuro que ya funciona. En cinco años Fnac.es será una de las cinco principales tiendas de España.
- En cuanto a su faceta de escritor, ¿en qué trabaja ahora?
- He publicado un libro de poemas en gallego, Shakespeare mata o porco con una rosa. Es un libro muy folk, surrealismo aplicado a las cantigas gallegas. Tengo un par de proyectos empezados, pero como mis lectores pueden aguantar más que los de Ken Follett me lo tomo con calma. Veo a muchos escritores presionados por su público. En mi caso, escribir es un ejercicio de libertad, pero para el que quiere vivir de las letras es bastante suicida.
- ¿Alguna recomendación?
- Me encanta Cormac McCarthy, del que se acaba de publicar La carretera. Reconozco que Paul Auster y Haruki Murakami son dos ejemplos de best-sellers de calidad, pero no me gustan. Me parecen dos farsantes considerables. Me gusta más Philip Roth.
- ¿Cómo lo ve?
- Me parece bastante lamentable que la búsqueda del best-seller se haya convertido en la del Santo Grial, por decirlo de forma metafórica. Se está cuidando muchísimo en las librerías el top y se está descuidando el fondo. Estamos entrenando para los cien metros y descuidamos el maratón. Me gustaría que hubiera un best-seller en poesía, como Juan Gelman, magnífico poeta al que se le ha dado este año el Premio Cervantes o que se produjeran más descubrimientos reconfortantes, como fue el Soldados de Salamina, de Javier Cercas. Cada vez son más escasos los libros de éxito en los que no concurrenel mercado editorial con todo su armamento pesado.
- Como escritor, ¿se siente tentado por las fórmulas de éxito?
- No. Siempre he repudiado la novela histórica. Creo en la literatura hecha con la existencia y la imaginación. Estoy más cerca de la poesía, aunque comprendo que este género vive un auge de masas en todas sus variantes, desde Julia Navarro hasta Dan Brown.
- ¿Están las librerías condenadas a buscar el best-seller de turno que salve el ejercicio?
- Diría que sí y quien sostenga lo contrario miente. Dan Brown, Ken Follett y mucho Harry Potter. Larga vida a la señora Rowling, cuya última entrega en castellano saldrá en febrero.
- ¿Por dónde van esos gustos del lector?
- Hay interés por la cultura japonesa y por libros sobre el cuerpo en todas sus dimensiones, así como sobre la alimentación. Las novelas sobre comida son un género en auge, pero seguimos ambientándonos en la Edad Media. Tengo la teoría de que todo esto comenzó con El nombre de la rosa, de Umberto Eco y nadie le ha llegado a la suela de los zapatos. También es verdad que luego ha escrito novelas bastantes flojas, pero el encanto que tuvo en su momento ese thriller culto, metafísico y aristotélico no se ha repetido.
- En la edición Regreso al reino de la fantasía hay una ilustración que al frotarla huele a chocolate.
- (Risas) Puede ser. Supongo que las ediciones eróticas estarán pensando en otros olores más excintantes. El mundo de la edición busca nuevas vías.
- En todo caso, El fenómeno de El niño con el pijama de rayas demuestra que el boca/oído sigue funcionando.
- Sí. En 2006 sucedió algo parecido con El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, que ha seguido funcionando bien durante el pasado año. Ahí tenemos también a Irene Nemirovsky, muerta hace sesenta años y cuyas obras se han recuperado ahora con éxito. Son casos muy saludables, pero que tampoco pasan de vender 10.000 o 15.000 ejemplares.
- ¿Y la reedición de Vida y destino, de Vassili Grossman?
- Otro éxito. Demuestra que todavía existe una resistencia cultural. Ocurre con ciertos libros que la gente culta recomienda leer. Es parecido al caso de Las benévolas.
- Ese éxito se veía venir.
- Está claro, pero los gustos de la gente son masivos. Me sorprende que dos personas tan mediáticas como el ganador y el finalista del Planeta -Juan José Millás y Boris Izaguirre- no les hagan sombra a Noah Gordon y Ken Follett.
- ¿Cree que los premios comienzan a flaquear?
- No. Este año está más disputada la primacía entre el finalista y el ganador en el caso del Planeta, con lo cual la suma de las dos puede ser superior a otros años. El Planeta goza de buena salud. El resto de los premios tienen igual de complicado vender un libro.
- Lo que no se agota es el interés por la II Guerra Mundial.
- Y por nuestra Guerra Civil. La guerra siempre suscita emociones, controversias y dolores. Ahora se están recordando estas dos contiendas a una generación que no las vivió. A mí me parecen caminos muy trillados pero vivimos en una época que no está para la experimentación. La época de las vanguardias fueron los años veinte y treinta con un rebrote en los sesenta. Ahora fusilan a cualquier autor que se ponga a hacer de David Lynch en literatura.
- ¿Tan importante es hacerse un hueco en la mesa de novedades?
- La rotación que tiene un libro en una gran superficie es de locos. Plantea incluso problemas de logística. El que quiera tener fondo de libros es un romántico porque necesita un almacén como el Pentágono. La industria de la distribución puntua una logística pin-pan-pun: lo que entra tiene que salir. Las gentes de la cultura estamos perplejos.
- ¿Cuánto dura un libro entre las novedades?
- Un mes como mucho y en la librería, bien colocadito, tres meses con buena salud.
- ¿Y qué tal va internet?
- Es una apuesta de futuro que ya funciona. En cinco años Fnac.es será una de las cinco principales tiendas de España.
- En cuanto a su faceta de escritor, ¿en qué trabaja ahora?
- He publicado un libro de poemas en gallego, Shakespeare mata o porco con una rosa. Es un libro muy folk, surrealismo aplicado a las cantigas gallegas. Tengo un par de proyectos empezados, pero como mis lectores pueden aguantar más que los de Ken Follett me lo tomo con calma. Veo a muchos escritores presionados por su público. En mi caso, escribir es un ejercicio de libertad, pero para el que quiere vivir de las letras es bastante suicida.
- ¿Alguna recomendación?
- Me encanta Cormac McCarthy, del que se acaba de publicar La carretera. Reconozco que Paul Auster y Haruki Murakami son dos ejemplos de best-sellers de calidad, pero no me gustan. Me parecen dos farsantes considerables. Me gusta más Philip Roth.





