
Independientemente de esta jornada, si alguna persona tiene interés en el proyecto, tiene la posibilidad de visitar la estancia cualquier tarde, entre las 19.30 y las 21.30 horas en las que habrá voluntarios con los que comentar su experiencia.
«El trabajo de los voluntarios consiste en atender a los transeúntes en el momento de la acogida, estar con ellos, ayudar a servir la cena y controlar los datos de las personas que pasan y sus estancias. Para desarrollar esta trabajo, nos dividimos en grupos de cinco, para venir dos horas un día por semana y un fin de semana cada cinco. El problema es que en este momento sólo somos ocho voluntarios y nos vemos obligados a repetir turnos», explica Jesús Mari, uno de los voluntarios habituales.
Ante esta situación , los encargados invitan a tomar parte, a través de su propia experiencia: «Con muy poco esfuerzo somos capaces de llevar este proyecto adelante que dura ya 21 años. Y en segundo lugar, es muy gratificante porque al ver cómo llevan sus vidas y el panorama que les rodea, aprendes a relativizar muchos de tus problemas», indica Jesús Mari.
Los voluntarios del Hogar quieren dejar patente que aunque exista escasez de voluntarios, siempre han contado con el apoyo del pueblo de Tolosa: «La operación Lata de Hirukide nos acaba de llenar la despensa hasta los topes; los vecinos y las sociedades del entorno siempre se acuerdan de nosotros cuando les sobra alguna cazuela, y también algunas pastelerías nos traen docenas de pasteles cuando tienen en exceso».
Programa de formación
Desde hace unos años, el Hogar del Traseúnte cuenta con un progama de formación y rehabilitación dirigido a personas que pasan por Abegi y que realmente quieran cambiar de vida. «Tenemos una vivienda con plaza para tres personas. En un principio estaba dirigido a personas de aquí, y en alguna ocasión nos encontramos con un caso de recuperación total. Pero hoy en día, el proyecto se dirige a jóvenes magrebíes en su mayoría, porque cada vez hay más. El plan es que aprendan un oficio, que por lo general lo hacen en la Fundación Peñascal, y se les ofrece una asignación semanal que deben justificar, con la única condición de que abandonen la mendicidad», indican los voluntarios. «En este terreno estamos obteniendo muy buenos resultados. Por ejemplo, tenemos el de los dos marroquíes que llegaron a Tolosa bajo el autobús del grupo de Isidro Larrañaga. Completaron el curso y ahora están tratando de normalizar papeles».
En cuanto al futuro del Hogar del Transeúnte, al parecer se seguirá adelante durante unos años más buscando estos buenos resultados.
Juan José Cordero, de Extremadura, es uno de los alojados en el Hogar. Debido a problemas familiares ha acabado en una situación que nunca imaginó: «Siempre he trabajado en el campo, pero ahora llevo tres meses en la calle. Cuando surgieron los problemas, pensé que alejándome un poco los iba a solucionar, pero todo ha ido a peor. Mis hijos me llaman pensando que estoy trabajando y yo me desespero cada vez que me rechazan en una oferta de trabajo. Mi prioridad es trabajar porque vivir así es muy duro. Haber encontrado un lugar como éste lo hace un poco más llevadero».





