AlDia
Guipuzcoanos en el km. 333
Según datos en poder del Real Moto Club de Gipuzkoa, 450 guipuzcoanos se inscribieron en Pingüinos 2007. Acaso fueron más. Algunos van y no dan noticia, aunque todo el mundo sabe que de Pingüinos has de volver con la medalla que certifica que fuiste, llegaste y te regresaste. Acaso no todos salgan hoy. No, teniendo en cuenta que uno de los grandes pilotos que recibirá el galardón Pingüino de Oro por su magnífica temporada en los circuitos estará hoy, junto a los no menos grandes Alvaro Bautista y Sergio Gadea, en Tolosa, en la inauguración del establecimiento Master Goena. Él es Héctor Faubel, subcampeón de la categoría 125 con Aprilia.
Los pingüineros guipuzcoanos lo mismo se alojan en una posada-gasolinera cercana a Pollos, La Loba, de nombre, que llevan la tienda en las maletas de su moto. Algunos se albergan en el pizpireto hotel París de la capital vallisoletana o, simplemente, ruedan en la mañana del domingo por el placer de sentir el asfalto de invierno, lanzar ráfagas a los que a su rueda van, recoger la medalla y volver. Pero todos recuerdan los tiempos de las viejas carreteras sin doble vía. Entonces, fácil era parar la moto en el kilómetro 333, entrar en el bar del mismo nombre y tomar chorizo y sopa exactamente en la cocina del lugar, lleno siempre hasta los topes. En este siglo XXI allá en Treviño, la doble vía, los radares y la presencia de la Guardia Civil de Tráfico obligan a rodar de otra manera y a pedir el café, el bocadillo y el trago revitalizantes al pasar por Pancorbo.
Los pingüineros guipuzcoanos lo mismo se alojan en una posada-gasolinera cercana a Pollos, La Loba, de nombre, que llevan la tienda en las maletas de su moto. Algunos se albergan en el pizpireto hotel París de la capital vallisoletana o, simplemente, ruedan en la mañana del domingo por el placer de sentir el asfalto de invierno, lanzar ráfagas a los que a su rueda van, recoger la medalla y volver. Pero todos recuerdan los tiempos de las viejas carreteras sin doble vía. Entonces, fácil era parar la moto en el kilómetro 333, entrar en el bar del mismo nombre y tomar chorizo y sopa exactamente en la cocina del lugar, lleno siempre hasta los topes. En este siglo XXI allá en Treviño, la doble vía, los radares y la presencia de la Guardia Civil de Tráfico obligan a rodar de otra manera y a pedir el café, el bocadillo y el trago revitalizantes al pasar por Pancorbo.





